Buenos Aires, (NA)- El arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, hizo ayer un llamado a todo el pueblo a no dejarse vencer por «el desconcierto y el temor que puedan sobrevenir», y sostuvo que la esperanza debe servir para «seguir caminando» ante esas dificultades.
El cardenal se expresó de ese modo en la homilía de la Solemne Misa de Vigilia Pascual, con la cual la Iglesia celebra en todo el mundo la Resurrección de Jesús, uno de los momentos centrales en la vida cristiana.
El arzobispo de Buenos Aires exhortó también a «releer continuamente nuestra historia de salvación a fin de poder seguir adelante», y afirmó que «la memoria del camino andado por la gracia de Dios es fortaleza y fundamento de esperanza para poder continuar caminando». «No dejemos que la memoria de nuestra salvación se atrofie por el desconcierto y el temor que nos pueda sobrevenir ante cualquier sepulcro que pretenda adueñarse de nuestra esperanza», dijo Bergoglio, recordando aquel desconcierto que sintieron la virgen María y María Magdalena al no encontrar el cuerpo de Jesús en el sepulcro donde había sido dejado.
En su homilía, el cardenal recordó algunos de los pasajes bíblicos que se leen durante la Vigilia Pascual, como aquellos en los que se hace referencia a la salida del pueblo judío de Egipto, con Moisés a la cabeza, al cruce del Mar Rojo para escapar del ejército del faraón y finalmente el descubrimiento de la Resurrección de Cristo, que ya no se encuentra en el sepulcro y les dice a las mujeres «no teman». «Dejemos siempre lugar a la palabra del Señor -añadió Bergoglio-, como las mujeres del sepulcro: Recuerden. En los momentos de mayor oscuridad y parálisis, urge recuperar esta dimensión deuteronómica de la existencia».
El prelado pidió a la Virgen que «nos conceda la gracia de la memoria de todas las maravillas que el Señor hizo en nuestras vidas, y que esa memoria nos sacuda, nos impulse a seguir caminando en nuestra vida cristiana, en el anuncio de que no hay que buscar entre los muertos al que está vivo, en el anuncio de que Jesús, el Hijo de la promesa, es el Cordero Pascual y ha resucitado».
La celebración de la Solemne Vigilia Pascual, como es tradición, comenzó en penumbras, imitando las tinieblas de la noche en que Cristo todavía yacía en el sepulcro.
Luego, en las escalinatas, fuera del templo, se encendió un gran cirio -el mismo que luego se usa a lo largo del año en todas las ceremonias- que representa a Cristo resucitado, luz del mundo.
Tras marcar en el cirio el año actual y cinco granos de incienso, fue introducido en procesión al templo, dando luz a su vez a las velas que llevaban cada uno de los fieles.
Luego llegó el tiempo del canto de alabanza llamado ‘exultet’ y de las lecturas del Antonio Testamento que van marcando momentos trascendentes, hasta que más tarde se produce el canto del Gloria y el Evangelio en el que se anuncia la Resurrección.



