Una encuesta en una red social preguntó a sus participantes qué le regalarían en Navidad a quienes los rodean si supieran que es la última fiesta que pasan juntos. Las respuestas fueron las más diversas.
La mayoría optó por el genérico amor, tan loable como contradictorio, ya que nos hace pensar en dos opciones, a) no lo están dando; b) de estar haciéndolo, nada cambiaron al saber que sería el último festejo juntos. Otros regalarían oro, el metal incorruptible y algunos pocos aprovecharían para aclarar cuestiones, cosa que no me pareció del todo descabida.
Dado que ésta columna, corta y concisa, tiene la pretensión de hacer pensar (hábito poco difundido entre los humanos) y tratando de predicar con el ejemplo, me llevó un cierto tiempo elegir el regalo a mis seres queridos en la última Navidad. No lo encontré en los estantes de los centros comerciales.
Tampoco pude inspirarme en los lugares comunes de las respuestas masivas. Confieso que me resultó un poco angustiante pensar en el último encuentro, pero finalmente PLIM, se me prendó la lamparita! En éstas Navidades regalaré a quienes amo el compromiso de volver a encontrarnos, esté dónde esté.
A sabiendas que éste mundo no es el único posible, desde otras esferas o en otra vida, hago público en éste acto que no se salvarán de mi presencia.



