Todos los vecinos de la San Martín al 100 acostumbraban recibir las tardes de verano sentados en la vereda, protegidos por la sombra fresca de los plátanos.
Ella también.
Para eso en la mañana fregaba con los restos de jabón blanco derretidos el umbral de mármol, que relucía níveo e invitante.
Ataviada de tarde la sentaban como su muñeca Marilú a esperar el silbido del tren que traería a su padre de regreso.
Luego llegaba su hermano lustrado y planchado luciendo el pantalón que le había cosido su madre de uno de su padre.
El Negro se sentaba a su lado y preguntaba invariablemente: "¿Viste los globitos de oro, conseguiste alguno?"
-"Sí, pero están muy altos", respondía
"No te pongas triste hermanita que cuando yo sea grande voy hacer una escalera para que lo puedas bajar", la consolaba el pequeño, después de darle un beso.
Y en la esquina ya aparecía su padre cansado de trabajo, pero lleno de ilusiones.
Hoy frente a su antigua casa de infancia toma el colectivo para regresar a su casa en Las Colinas.
Y se acercó al árbol que está frente a la puerta del inquilinato. Estiró la mano, arrancó un globito de oro, después acarició la corteza lisa y clara, que se descascaró al contacto de su mano. Mostrándole que todo estaba escrito en su memoria. Recorrió el tronco con la mirada y se dejó elevar por las ramas que se perdían en lo infinito del cielo.
"Al fin y al cabo la escalera no tenía que ser tan alta", dijo sonriente.
El tren de la cinco silbó anunciando su llegada y el 502 la invitaba a volver a su hogar.
LOS PLATANOS DE LA CALLE SAN MARTÍN
El árbol aludido se encuentra en la calle San Martín 56. Toda la calle en su extensión fue forestada con esta variedad, en la actualidad algunos ejemplares han desaparecido por podas indiscriminadas, tormentas o gustos de los propietarios de las veredas.
Informante: María del Luján Machado, vecina de la cuadra



