El nuevo año está entre nosotros. Ya nos propusimos a reorganizar nuestra vida y a priorizar lo verdaderamente importante. Paso siguiente, nos toca cobrar impulso y darle continuidad a la intención para que no quede como un plan mas, encarpetado en un futuro lleno de probabilidades y ninguna efectividad.
La Navidad y el Año Nuevo no sólo se festejan juntos por una cuestión de cércanía en el calendario, sino porque ambos tráen consigo el germen de lo nuevo. Un día, hace mucho tiempo, le preguntaron a un sabio por qué se celebraba un nacimiento, si nadie podía asegurar que la criatura fuera buena el día de mañana. El sabio dijo que había tres motivos para festejar la llegada de un bebé. El primero, es una esperanza para toda la humanidad. Basta que haya un justo para que cambie el rumbo de la civilización. El segundo, es dicha para la familia, ya que se se renuevan los votos con cada uno de sus integrantes. El tercero, su alma viene llena de Dios, por lo tanto, si somos sensibles, por intermedio de lo nuevo podemos entender los nuevos mensajes del cielo.



