Reducir la agobiante carga tributaria no alcanza, requiere también de una profunda reforma del gasto público
Hagamos un ejercicio de nuestra memoria y recordemos que, con cepos cambiarios, dólar atrasado, tasas de interés realmente negativas, tarifas públicas artificialmente bajas "subsidiadas"; se trato durante casi ocho años de resolver este tema. El resultado "quedó a la vista", fue un escenario de estanflación, al borde de una crisis en la balanza de pagos.
Con dificultades para sincerar las tarifas públicas, impedir el traslado de devaluación a inflación y puja distributiva en aumento; el gradualismo del año 2016, sin el boom de inversiones, evitó un estallido pero no logro recuperar la senda del crecimiento.
La viabilidad de una reactivación sostenida de la actividad económica, empieza a ocupar el centro del escenario del gobierno. Los indicadores del año 2016 empezaron a conocerse y en particular los de la producción de la industria manufacturera. Son tan o más decepcionantes que los del mercado laboral y los de las ventas internas. Y aquí se presenta el problema de lo que se conoce como "el costo argentino", agregados a los costos financieros, laborales, tributarios; todos asociados a la competitividad.
Sin una reducción general de la presión tributaria ni una baja drástica de la inflación, el clima recesivo se mantuvo con las elevada tasas de interés activas, ajustes en las tarifas públicas y actualizaciones en los salarios (que aun por detrás de la inflación); contribuyeron a la suba de los costos de producción de la mayoría de las empresas muy en particular los sectores PyMes. Además la apertura de la importación ( productos de otros países) complicó las ventas de varias ramas de la actividad, lo cuál contribuyó a cierto atraso del tipo de cambio real luego de la devaluación de diciembre del 2015.
La no renovación de los planes de facilidades para la cancelación de deudas por contribuciones patronales complico la viabilidad de no pocas PyMes. La carga impositiva, como es bien sabido, se encuentra en los niveles históricos, al punto que diversas Cámaras Empresariales señalan que no menos del 40% son sobrecostos por impuestos nacionales, provinciales o municipales.
La perspectiva negativa de sucesivas administraciones a eliminar impuestos distorsivos podría atemperarse al menos, con mecanismos de pagos a cuenta, devolución o compensación de saldos de IVA, reintegros a la exportación, eliminación lisa y llana de tributos distorsivos sin alto impacto en la recaudación corriente o la reimplementación de algunos mecanismos de ajuste por inflación; análogo al de los años previos a la alta inflación de fines de los ´80.
Reducir el "costo argentino" obliga inevitablemente a realizar profundas y fuertes reformas en el corto y mediano plazo. En el primero se debe concentrar en tres cuestiones inevitables: el costo financiero, el tipo de cambio y los impuestos. En el segundo en el efecto / impacto de las reformas regulatorias: reducir la agobiante carga tributaria de los últimos 10-12 años es necesario, pero no suficiente. Requiere también el acompañamiento de una profunda reforma de la asignación del gasto público; caso contrario, el deterioro permanente del capital físico y humano tornará imposible pensar siquiera volver a crecer, y menos a las tasas Chinas de principios de la década pasada en un mundo que sigue globalizado.
Fuentes: BG Consultora - In.Iv.C.E.(USAL) - Analytica



