La oración más popular en la antigua Grecia dice, "Zeus padre, danos lo que necesitamos, nunca lo que te pedimos". Ellos conocían el Secreto. Todo lo que uno pide al universo de manera correcta, termina sucediendo. Lástima que el best seller homónimo no reveló que en el momento que uno programa su mente para realizar acontecimientos, le está otorgando la misma capacidad para que concretar sus miedos, o sea, le abre la cancela a los fantasmas.
Sólo un maestro de verdad puede iniciar a un discípulo. Nunca un texto profano o un film. Éstos soportes crean el deseo, la curiosidad para que investiguemos más sobre cuestiones profundas, pero hay que tener precaución de no desatar los amarres de los barcos de nuestro puerto seguro. Para que saliera a la luz un misterio hermético, en las escuelas iniciáticas, el discípulo tenía que probar que estaba apto para comprenderla. Y que sería un defensor del bien y la evolución. Los libros sagrados tienen el poder de hacerse entender sólo por aquellos que los meditan profundamente. Recuerden el Pedid, y se os dará, del Evangelio de San Mateo (7:7).
Miro con asombro como se aplican fórmulas mágicas como si fueran recetas de cocina. Por fortuna, la sabiduría universal va inactivando claves en la medida que los tontos se apoderan de grandes verdades y las convierten en cotillón de Harry Potter.



