El endiosamiento de los médicos no es asunto que pueda comprenderse a la ligera. En una sociedad en dónde la ciencia pasó a tomar el lugar de la religión y la razón sustituye la emoción, es de esperar que lo que ocupan la primera línea de privilegios no tengan a quiénes acudir cuando lo necesiten. Los psicólogos deben reportar a otros psicólogos para seguir su labor. Todo profesional que tenga al ser humano como foco de profesional debiera conocerse más para no incurrir en el error de la vanidad y del egocentrismo. No alcanza con las híper especializaciones, meter más y más conocimiento dentro del cerebro y desoír a quienes sufren. O sentirse superior. O volverse un monstruo, como fue el caso del anestesista Gerardo Billiris, que desfiguró el lunes pasado a una joven de 20 años tras haberse drogado hasta no más poder.
Muchos conocemos historias de médicos que se drogan y luego atienden pacientes, operan y siguen sus vidas. Nadie habla del tema, preferimos enfocar la crítica a los curas pedófilos y a los policías corruptos, números fijos en el circo de horrores victoriano en el que nos hemos convertido.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



