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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 16/feb/2017 de La Auténtica Defensa.

Una noche de terror en el Día de los Enamorados






ALEJANDRA Y MARCELO TENÍAN UN FIAT MOBI QUE RECIÉNTEMENTE LES HABÍAN ENTREGADO.


FIAT MOBI

El martes, un delincuente armado sorprendió a una pareja en pleno centro, sobre la calle Güemes, y los hizo conducir hasta Escobar. Incluso pagó la nafta. Finalmente, les quitó las pertenencias y los abandonó en una oscura calle del barrio Florido.

Era el fin de otra larguísima jornada de trabajo. Alejandra Dip hacía más de dos horas que había cerrado su peluquería; y decidió acompañar a su compañero, Marcelo Sánchez, a concretar la que iba a ser la última entrega de "Hormiga de Mar", el microemprendimiento gastronómico que inició en enero último. "Estacionamos el auto frente a casa –relata Marcelo- y nos quedamos charlando un minuto, haciendo planes, cómo venía el trabajo y esas cosas. El tema es que prendí un pucho y bajé la ventanilla. Yo ví algo por el espejo de la puerta, y pensé en abrirla y pegarle un portazo, pero ya lo tenía encima, apuntándome con un arma. ‘Quedáte tranquilo, porque si no te quemo’, me dijo, y se subió en la parte de atrás".

Todo sucedió en la calle Güemes al 700, entre Moreno y Belgrano, frente a donde Alejandra Dip tiene su peluquería y vivienda, aproximadamente a las 22:20. El asaltante, no mayor de 30 años, en ningún momento perdió el control de la situación y parecía estar perfectamente sobrio. Ya en el interior del auto, sin dejar de apuntar con el arma a Alejandra, lo primero que hizo fue establecer las condiciones: "Ustedes están tranquilos, yo estoy tranquilo. Ustedes se ponen nerviosos, yo me pongo nervioso. Sáquenme de Campana ya, y nada de andar por avenidas. No quiero cámaras ni Policía".

Vamos de paseo

"El tipo parecía no conocer Campana, porque no me dio mayores explicaciones y el camino lo elegí yo. Entre otras cosas le dije que muy lejos no íbamos a llegar porque estábamos con la reserva" explicó Marcelo. El auto, un flamante Fiat Mobi color Rojo, patente AA637RI salió de la ciudad por San Martín y tomó la ruta 9 en el Arco.

Cuando ya estaban sobre la ruta, mano a Capital, el asaltante le dijo: "Pará en la primera estación de servicio y ponéle 200", al tiempo que le entregaba dos billetes de 100 a Alejandra. Ya en la estación de servicio YPF del barrio Siderca, uno de los momentos más tensos tuvo lugar: "¿Qué tocás? ¿qué tocás?", preguntó el asaltante de mala manera. "Tranquilo. Estoy buscando el botón para abrir el tanque así no me tengo que bajar", explicó Marcelo, quien retiró el auto de la agencia hace sólo 3 meses y todavía no terminó de pagar.

"Para que no se pusiera nervioso –cuenta Alejandra- le dábamos charla. Que entendíamos la situación, que teníamos hijos, y esas cosas. Él también contestaba, e incluso yo me daba vuelta y lo miraba como si le estuviera hablando a un amigo. Pero después de la estación de servicio, por las dudas, no lo miré más. Nunca dejó de apuntarme. Tenía la pistola sobre su falda, tapada con un trapo, tal vez un buzo".

Barrio Florido

Llegando a Escobar, el delincuente indica bajar hacia a la derecha, en dirección a Temaikén, y los hace ingresar a un barrio, que luego sabrían que se llama Florido. "Hicimos varias calles –relata Alejandra- y estaba muy oscuro. El medio de la nada. Había sólo una vereda con casas y el resto todo campo. Nos hizo dar vuelta el auto para que quedara en la dirección desde dónde veníamos y nos hizo caminar en esa dirección. Nos pidió que no nos diéramos vuelta. Yo pensé que ahí nos mataba…"

Luego de caminar varios metros, sana y salva pero sin dinero ni teléfono, la pareja se decidió a pedir ayuda: "Estaba todo muy oscuro. Tocábamos timbre o hacíamos palmas. La gente por ahí miraba desde las ventanas, pero nadie abría. Era una boca de lobo y más de las 11 de la noche ¿quién nos iba a abrir? Finalmente, una familia muy humilde nos atendió. La señora me dijo: acá nadie te va a atender. A la vuelta venden droga, allá es un aguantadero, todo el barrio es así…"

De asaltado, a sospechoso

Mientras Alejandra se quedó esperando en la casa, Marcelo fue llevado en moto por el morador de la casa para radicar la denuncia en la comisaría más cercana y recibir algún tipo de asistencia. Así, fueron hasta la Comisaría de Matheu donde los derivaron a la de Escobar.

"Ahí –cuenta Marcelo- no nos trataron muy bien. Primero no les cerraba la historia, y me hacían preguntas como si yo fuera un delincuente. Incluso estaban malhumorados porque decían que si el auto era de Campana, tenía que radicar la denuncia en mi ciudad. Al final, tuve que levantar la voz, porque ya no me gustaba nada como me estaban tratando".

Para colmo, el dueño de la moto no sabía exactamente la dirección de la casa dónde esperaba Alejandra, porque hacía poco que vivía en el lugar. "Fue entonces –explica Marcelo- que les propuse que un patrullero siga a la moto hasta el hogar y así lo hicieron, pero no les gustó nada".

Ya con Alejandra en la Comisaría, los mantenían en oficinas separadas, y seguían los interrogatorios. "Yo escuché –cuenta Alejandra- la voz de Marcelo y me di cuenta que lo estaban bardeando, así que levanté la voz también. Fue ahí que Marcelo me escuchó, y les dijo ‘¿Ven? Esa es Alejandra’ y más o menos se empezó a ordenar la cosa".

Finalmente, la comisaría de Escobar facilitó un teléfono y la pareja pudo contactarse con un familiar de Campana que los fue a rescatar y realizaron la denuncia en la comisaría local. En paralelo, un móvil del Comando Patrulla Campana se hizo presente en el domicilio de Güemes, y dio aviso a los hijos de la pareja, para que se queden tranquilos.

"Al otro día –comenta Alejandra por ayer miércoles- por recomendación de una amiga, a la 1 de la tarde fuimos a radicar la denuncia en la Fiscalía Nº 2 para reforzar el Pedido de Captura del auto. Ahí nos dijeron que de la Comisaría todavía no había llegado ninguna denuncia".

"Todo bien con el flaco –dice Marcelo- porque no nos hizo nada. Pero la verdad es que nos partió al medio: sin celulares ni el auto, no sé cómo vamos a seguir con el delivery de comida".


MARCELO Y ALEJANDRA VIVIERON UNA ODISEA QUE COMPARTIERON CON LA AUTENTICA DEFENSA.


ALEJANDRA Y MARCELO FUERON SORPRENDIDOS EN GÜEMES ENTRE MORENO Y BELGRANO, FRENTE A LA PELUQUERÍA DE ELLA. ALLÍ COMENZÓ LA ODISEA QUE TERMINARÍA EN EL BARRIO FLORIDO DE ESCOBAR.


UNA EMPLEADA DE ALEJANDRA FUE SALVADA POR UN REMISERO

La semana pasada, una empleada de la peluquería de Alejandra Dip, se salvó raspando de ser asaltada en el mismo lugar. "Ya había terminado de trabajar y había pedido el remise. Como estaba demorado, y todavía era de día, decidí salir a esperarlo en la vereda para fumar. En eso veo venir de Moreno dos tipos de unos 30 años, muy sospechosos. Cuando me ven, como que se dicen algo. Uno se queda como mirando y el otro acelera el paso hacia mí y me pide un cigarrillo. El otro ya se estaba acercando. ‘Fui’, pensé. Llega el remise y me toca bocina pero de forma exagerada. "Uy" dijo uno de ellos, y se fueron. ‘Me salvaste’ le dije al remisero, quien me contestó: ‘Me di cuenta al toque. Esos dos en algo raro andan’", relató Sandra Verdún.


A Stella Giroldi también le quisieron robar el auto en la calle Güemes

También sobre la calle Güemes, esquina Belgrano, a unos metros de la peluquería de Alejandra Dip, hace dos meses casi le roban su camioneta Honda CRV a la ex intendente Stella Giroldi.

"Eran como las tres de la tarde cuando comenzó a sonar la alarma de la camioneta y bajé. Ya en la vereda, veo un hombre bien vestido, elegante, parado al lado de la camioneta y un Audi negro atrás. Entonces le pregunto qué pasaba, y me contesta que estaba viendo porque no podía estacionar o algo así. Yo, ingenua, le digo que estaba bien estacionada, todo medio a los gritos porque estaba sonando la alarma. Al mismo tiempo, desde los balcones del edificio un par de vecinos ya me preguntaban si estaba todo bien. En eso se baja del Audi otro hombre, ya no tan bien vestido y dice ‘No pasa nada, no pasa nada, vamos…’ se suben al auto y de van", recordó Giroldi, quien completó la historia: "Cuando se fueron, se cruza un vecino para preguntarme si estaba bien, y le digo que sí, que no pasó nada, pero él me dice: ‘¿Cómo que no pasó nada? ¿No ves la puerta?’ y cuando miro veo que estaba medio rota y la cerradura en el piso…".


 
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