La Lic. Graciela Perrone afirma que el maridaje entre el conocimiento del cerebro y la implicancia en los aspectos cognitivos no es algo nuevo, y existe desde tiempos pasados . Almeón de Crotona, Ramón y Cajal, Brocca,Wernicke, Harrison, Darwin y Call entre tantos y desde diferentes disciplinas, marcaron un horizonte y comenzaron caminos individuales desde sus intuiciones e hipótesis hasta asentar sus hallazgos fundamentados. Ese saber habilita hoy una avalancha global de investigación y prácticas que ayudan a comprender y a su vez mejoran los procesos de aprendizaje del ser humano. Conforman un corpus científico sólido que nos permite abordar la práctica educativa desde un ángulo innovador.
La formación docente, los ambientes físicos y virtuales, la mirada integral hacia el alumno, la caracterización de los contenidos y sus formatos, los conceptos de enseñanza y aprendizaje, los horizontes trazados para cada etapa y las dificultades de quienes no los cruzan, se resignifican desde los aspectos cognitivos, emocionales, actitudinales, y de sociabilidad cuando emprendemos el viaje de conocimiento de la potencialidad que tiene nuestro cerebro. Es tan liviano para portar y tan intenso en su capacidad para almacenar, recordar, aprender, desaprender, leer, escribir, elaborar, asociar las entradas de información constantes que recibe por sus sentidos en cada segundo de su existencia.
Existe un temor, en los claustros y ámbitos tradicionales de la educación de que estas "nuevas" incursiones o enfoques puedan ser regresivas a una concepción biodeterminante.La neurociencia aclara los enfoques interdisciplinarios y holísticos necesarios para la comprensión de otras entidades científicas, así como explora temas que parecen ser intangibles como la conciencia, el bien y el mal, la realidad y la virtualidad, la noción de tiempo y poder, entre otras.
Pero volvamos a nuestro campo de acción, las aulas y las bibliotecas, los aprendizajes y la gestión de esa información. Nos encontramos con niños y niñas que han desarrollado cerebros únicos, que han transitado experiencias de aprendizajes singulares y que llevan trazas emocionales y sociales que han realzado sus redes neuronales, entre ellas las cognitivas, y esto debe ser tenido en cuenta cuando ellos llegan a la escuela. Somos parte de una especie que se diferencia culturalmente del resto por tener la facultad de leer y escribir, procesar y reconvertir, y esta materia prima está a disposición para que todos recorramos un camino ascendente en los aprendizajes que comienzan en los entornos familiares y se formalizan en la escuela o en infinitos espacios de aprendizajes fuera de ella.
La lectura es la clave de este tesoro universal y gratuito. Saber que el leer pone en acción un importante número de procesos mentales, entre los que se destacan la percepción, la memoria y el razonamiento, debe ser un activo tanto para docentes como para alumnos.
La lectura predispone también las habilidades sociales y la empatía.
Otros hallazgos también son cruciales para conocer el maridaje entre neurociencia y educación, los exámenes orales generan más memoria a largo plazo, los adolescentes estudian y atienden mejor a partir de la media mañana, la plasticidad del cerebro vuelve a florecer en la adolescencia y genera nuevos reciclajes en las redes neuronales, el ejercicio físico favorece la memoria y el aprendizaje, permite que los alumnos tengan más espacio en la memoria de trabajo, promueve la capacidad para reflexionar y tantísimos hallazgos más que pueden generar estrategias didácticas innovadoras que completen las trayectorias escolares de cada alumno.
En el conocimiento de los hallazgos de la neurociencia que complementan, mejoran o cambian los enfoques teórico-prácticos y la formación de los profesionales de la escuela, generarán una diferencia importante en la calidad y los resultados del aprendizaje, aún más en aquellos que por distintos motivos, presentan dificultades y quedan rezagados en los caminos del acceso e inclusión en la cultura y el conocimiento.



