El joven Bruno Portis navegó 38 días en su kayak de Corrientes a San Isidro, 1100 Kilómetros por el río. Fue recibido en nuestra ciudad por amigos y gente que vino para darle un abrazo y mensajes esperanzadores. En el lugar también estuvo el Intendente Sebastián Abella.
Bruno Portis tiene 35 años, nació en General Pico, La Pampa, se recibió de abogado en la Universidad de Lomas de Zamora, es docente y ahora también aventurero. Hace tres años atrás que un libro lo acompaña: "La Rebelión de Atlas", una novela basada en la filosofía del objetivismo. A través de él, Portis, interpreta pensamientos sobre la libertad del hombre y lo manifiesta: "El hombre es libre, pero aún no lo sabe". Húmedo entre sus pertenencias, en la popa de la pequeña embarcación, la magistral obra de Ayn Rand navega con él, como si fuera su propia biblia.
El 8 de enero zarpó con un Kayak Patagonian Gamma desde Corrientes para comenzar a bajar por el Paraná hasta San Isidro (Buenos Aires). La Expedición "Libertad" lo llevó a recorrer 1100 kilómetros con todo su bagaje a cuestas. "Cargué todo lo que me hacía falta para comer y un panel solar para cargar todo lo eléctrico. Estoy acostumbrado a andar solo, esto es hermoso y que venga gente a dar una mano es genial".
Con una barba de 40 días y más de mil kilómetros encima, el remero llegó el sábado 11 de febrero a nuestra ciudad. Desembarcó en el Boat Club de Campana donde fue recibido por amigos y familiares que vinieron de otras ciudades para darle un abrazo y mensajes esperanzadores. El intendente Sebastián Abella estuvo también allí y le hizo entrega de un presente en nombre de todos los campanenses, acompañado de Javier Contreras y el grupo regional Unidos por el Kayak (UPEK); haciéndole entrega de un diploma de Honor en nombre de las instituciones que apoyaron su paso por esta ciudad.
"Las historias que tengo, que me han pasado en estos 38 días, son impresionantes. Me voy a acordar toda la vida. La gente del río es genial. Pasas dos o tres días sin hablar con alguien y de repente estas tomando mate con alguien. Al charlar de lo que sea, te das cuenta que es lo más importante".
Otro de los libros que lleva consigo es "El viejo y el mar", una historia escrita por Ernest Hemingway en 1951. Bruno ha experimentado momentos extraordinarios, donde la realidad ha superado cualquier adjetivo que se le hubiese ocurrido colocar en un posible y futuro libro. "La idea final es escribir un libro y este es el puntapié inicial. La idea es poder llegar a explicar que lo que te ofrezca la sociedad no siempre te va a hacer feliz. A veces la felicidad está un poco más lejos de lo convencional", afirma.
Ocho kilos de más llevó a cuestas durante el viaje, a pedido de su nutricionista, para tolerar remar hasta 14 horas por día. Durante el viaje se alimentó de lo que le daba el río y de otros bocados que le brindaban las personas que se acercaban a la orilla para convidarle. "Seguramente encuentren escamas por todos lados, porque comí 29 días lo que iba pescando", aclara entre risas.
Al momento de agradecer, Portis, hace mención especial al personal del Prefectura Naval Argentina que le brindaron siempre apoyo y en sus momentos más difíciles, "fueron Los Ángeles del Agua. Tienen una vocación notable. Me gustaría que la gente entendiera un poquito más el trabajo de Prefectura, no es broma. Todos tendrían que respetar un poco más las leyes para que ellos no tengan tanto trabajo" explica Bruno.
"Somos mortales, hay que hacer las cosas ahora. Yo laburo 14 horas al día, vivo a las corridas; pero sé que el rio me hizo y hace feliz.. Uno tiene que elegir las cosas que le hacen bien".
El domingo 12 de febrero zarpó en su última "pierna" rumbo a San Isidro. Primero pasó a saludar al segundo jefe de Prefectura Naval Argentina en el Puerto de Campana, retomando su destino aún en la oscuridad de la noche. La hazaña que realizó Portis no fue sólo un esfuerzo físico, sino también mental; pudiendo hallarse en sí mismo tras muchas horas solo con el río y las estrellas.
Momentos antes de partir, Bruno reflexiona: "Los hombres son libres, sólo se tienen que dar cuenta. Es hermoso el momento que estoy viviendo". Minutos después el hombre y el kayak se perdían en la oscuridad del río. Durante un largo rato pudimos escuchar sus remadas en el silencio de la noche.



