El Miércoles de Ceniza es el comienzo del año litúrgico para los católicos y anglicanos. Es costumbre desde el siglo XI acompañarlo con ayuno, oración y espíritu de sacrificio, que significa hacer sagradas las cosas. En las iglesias se utilizan las hojas de olivo que traen los fieles de la Pascua anterior, se las transforma en ceniza y el sacerdote las aplica en Misa sobre la cabeza del arrepentido como símbolo de conversión. Esa costumbre proviene de los judíos, que para mostrar arrepentimiento de sus actos en algunas de sus ceremonias del pasado cubrían sus cuerpos con polvo vegetal. En India a la ceniza le agregan colorantes en la ceremonia multicolor de Holi, en la que se celebra la primavera, pero también el perdón y el arrepentimiento.
En cuento de la Cenicienta la protagonista daba lo mejor de sí, en un ambiente hostil al que lograba transformar con sus intenciones y pureza.
Más allá del mensaje literal que transmite el polvo, la fugacidad de la vida, el ritual encierra el compromiso de dar lo mejor de uno a partir de ahora. Desgranar, reducir en polvo la materia para lograr una mejor tintura, macerar los condimentos para que exhale su aroma original, pulverizar para volver homogénea la masa a trabajar, sea arcilla o pan, son cosas que hacemos todos los días con nuestras manos. Pues bien, hoy es miércoles de Ceniza : el desafío es hacerlas con el corazón.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



