Agustín Lesniak dejó la llanura y sus estudios en Educación Física para convertirse en Guía de Montaña. Pero no olvida a Campana: en diciembre, cuando hizo cumbre en el Aconcagua, dejó un banderín del Campana Boat Club en "El Techo de América".
Dos meses viviendo a 4.300 metros de altura no es para cualquiera. Agustín Lesniak lo corroboró este año: "Aprendí que subir montañas no es lo mismo que trabajar en la montaña y para ella. Me encantó vivir esa experiencia de trabajar de lo que me gusta y poder llevar concretar la máxima meta que fue llegar a la cumbre del Aconcagua. Eso no quiere decir que no sea difícil", explica este campanense que en diciembre pasado dejó un banderín del Campana Boat Club en "El Techo de América".
A decir verdad, Agustín nació en Corrientes, pero toda su infancia y adolescencia fue en nuestra ciudad: "Siempre le estaré agradecido a mi ciudad, a sus plazas, a sus calles, y a sus clubes. Me gusta volver siempre. Cada vez que vengo de visita, se me hace más duro arrancar", asegura.
Hoy Agustín tiene 26 años. Empezó estudiando primero Educación Física en San Fernando, y luego por influencia de un amigo estudió en la Escuela provincial de guías de Alta Montaña y Trekking (EPGAMT). Entonces su vida tomó un giro inesperado. "Tenía poca experiencia, pero con 23 años me fui a Mendoza. Me costó dejar la familia, novia, amigos pero bueno emprendí una vida nueva, me reinventé", cuenta.
Tocar el techo
Lo define como un cierre de ciclo: "Pude lograr uno de mis mayores sueños, que era trabajar como guía de montaña y ascender el Aconcagua. Hoy en día en Mendoza mis profesores son los más reconocidos a nivel nacional e internacional: son tipos que ves en revistas especializadas. Por ejemplo, te puedo citar a Mariano Galván, que será el primer argentino en escalar "los catorce ocho miles" que son las 14 montañas más altas del mundo. Se encuentran en el Himalaya y en Nepal".
Si bien hace lo que le gusta y le apasiona, Agustín asegura que el trabajo arriba del cerro es muy exigente. Trabaja de lunes a lunes, salvo algún día que tiene libre. "En la montaña –explica- estás en desgaste constante, el cuerpo se consume, se debilita y la recuperación aunque descanses nunca es completa. El cuerpo nunca se recupera totalmente, siempre estás en deuda. Aquellas personas que quieran subir por primera vez el Aconcagua, y no han hecho montaña, ni tienen experiencia yo les recomiendo que hagan cosas más cortitas y que vayan de a poco creciendo en resistencia. Hay que entrenar, no es una vuelta manzana, ni confortable", explica.
Agustín también es Técnico en Emergencias Médicas con Certificación EASPA y cuenta que hay muchos mitos referidos a la montaña. "Todo este tiempo he aprendido, me saqué todo los tabúes que tenía y ahora estoy del otro lado. Estoy invitando a la gente hacia la montaña a que participe y disfrute. Hay que animarse e intentar, no tenerle miedo. Yo creo que es una filosofía en mí. Las realidades y objetivos de cada uno son diferentes pero sé que si alguien pudo yo también".
Como parte de la travesía, Agustín pasó Navidad y Año Nuevo en la montaña. Ese fue el mayor costo que pagó por lograr su sueño: "Para mí las fiestas son muy importantes y hace dos años que no las paso acá, en Campana, con mi gente. Esta vez me tocó pasar Navidad a 4300 metros de altura en el campamento mula, campamento base y Año Nuevo a 5400 metros, metido en una carpa porque había mucho viento. Y a las 21:30 me fui a dormir. Igual, creo que fue excepcional, espectacular, me encantó. Si el año que viene tengo la suerte de estar de vuelta, que calculo que sí porque hice buena letra y me fue muy bien, lo seguiré eligiendo un buen tiempo más", asegura convencido.
Desde que se fue de Campana, Agustín tuvo que armarse una "nueva familia", conformada por jóvenes de distintas provincias como La Pampa, Santa Cruz, Córdoba, Buenos Aires. Todos comparten más o menos los mismos sueños: "Entre todos nos contenemos. Ya me siento parte, pertenezco al lugar y a la montaña", asegura, y dice que entre sus metas se encuentra la de hacer las 13 cumbres más altas de América.
De la llanura a la montaña, de Campana a Mendoza, y un fuerte cambio de vida: "Pasaron más de 3 años, y muchas veces pensé si eso era para mí, y extrañaba. Pero me mantuve fuerte con mis compañeros que estaban al igual que yo. Mi objetivo es estudiar, capacitarme, y hacer vida nueva. Aguanté y hoy en día no me arrepiento. El crecimiento es tanto profesional como personal: desde la montaña, las cosas y la vida se ven diferentes".
"Desde la montaña, las cosas y la vida se ven diferentes"
AGUSTÍN ASEGURA QUE EL TRABAJO ARRIBA DEL CERRO ES MUY EXIGENTE



