Lear era un rey del siglo VIII AC y su historia quedó retratada en las Crónicas de Holnished, fuente de la que bebió Shakespeare antes de escribirla en 1606 . Es la historia de un soberano padre de tres hijas, Goneril, Regan y Cordelia, que decide entrada la vejez dividir su reino. Para saber cómo repartir su herencia le pregunta a cada una cuánto lo aman y qué significa para ellas. Tanto Regan como Goneril lo adulan hasta el cansancio, hablando de sus grandezas y la magnificencia de su investidura. Sólo Cordelia le señala con sinceridad lo bueno y lo malo, los aciertos y desaciertos que ha tenido como padre y como mandatario. Furioso y sin dudar Lear deshereda a su hija menor y reparte las tierras entre las dos primeras, que prometen cuidarlo hasta el fin.
No pasa mucho tiempo hasta que el desinterés se apodere de ambas. Habiendo alcanzado sus metas, lo humillan a tal punto que Lear se ve obligado a desterrarse de sus propias tierras con su leal bufón, que jamás deja de decirle grandes verdades. Una de las frases mas famosas de la tragedia es cubre con planchas de oro el crimen y la terrible lanza de la justicia se romperá, impotente ante él.
La vanidad y la adulación combinan como el queso y el dulce. Cuando no queremos escuchar verdades y buscamos que nos endulcen los oídos, al final del pasillo nos deparamos con una puerta que se abre al vacío. Antes que eso suceda casi siempre hay un espíritu bondadoso como Cordelia, a quién le cerramos los oídos. Antes del abismo, suele haber un bufón desinteresado a quién no solemos escuchar, listo para rescatarnos.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



