Sería ingenuo de nuestra parte creer que hemos satisfecho la demanda de todos los vecinos, menos cuando la expectativa generada ha sido tan grande. Cada uno considera y es lógico que suceda, que su reclamo o sus problemas son los más importante. Pero como un buen padre de familia, cualquiera que administre un país, una provincia o una ciudad debe determinar prioridades, resignando, y hasta muchas veces optando por lo urgente antes que por lo importante. Cualquiera que empiece a pintar una casa, comienza por un cuarto y luego pinta el que sigue. Nada puede hacerse en simultaneo cuando los recursos como sabemos son escasos.
Falta a la verdad quien prometa soluciones para todos, y en poco tiempo. Y engaña quien con el afán de resaltar solo señala lo que aún no se ha hecho. Y en cuanto a hacernos cargo, todos en alguna medida somos responsables de lo que no nos gusta, o de lo que creemos que nos falta. Fueron muchos años de derroche y despilfarro, desde el estado, y por qué no, de nuestra parte. Como olvidar el 1 a 1, donde todos sabíamos que nunca 1 dólar podía costar 1 peso y esa diferencia aun hoy la seguimos pagando. O cuando muchos entre los que me incluyo malgastábamos la energía del país, convencidos que por unos pocos pesos su consumo iba a ser interminable.
La palabra orden, por nuestra lamentable y reciente historia, sigue teniendo una connotación negativa. Hablar de orden nos altera, nos sensibiliza, pero es lo que nos está haciendo falta, ordenarnos. A todos nos gusta organizar o participar de fiestas, pero luego nadie quiere ordenar, a todos nos gusta comer o cocinar, pero luego nadie quiere lavar. Si un día decidiéramos gastarnos todos los ahorros, mientras dure nos va a gustar, pero a la larga nos va a perjudicar. Seguro suenen absurdos los ejemplos, pero después de tantos años de desorden, hoy es más fácil para algunos querer hablar de ajuste en lugar de pensar cómo y por qué llegamos a donde estamos. Nada es infinito, ni nada es eterno.
Es fácil señalar, lo difícil es hacerse cargo, y Cambiemos, a pesar de sus errores lo está haciendo. Argentina puede cambiar porque es una y es de todos, de los que gobiernan y de los que gobernaron, de los que votan y los que no, de los que viven y de los que vendrán. Es hora de asumir cada uno su lugar, un rol, un compromiso, porque será más fácil, pero cuando lo hagamos entre todos.
Martín Deppeler / Unión Cívica Radical



