Hay milagros cotidianos y extraordinarios.
La vida misma, con sus avatares, es uno de ellos. Que estemos sanos, con tanta contaminación, virus y superbacterias. Que podamos habitar en lugares violentos, sin que nos asalten o nos priven de nuestros derechos. Que nos amen cuando nuestro proceder no ha sido correcto. Que un trabajador asalariado llegue a fin de mes. Que los viejos en Occidente sean respetados. Que paren los femicidios en Argentina. Que cesen las guerras por los acuerdos de paz. Que se comprometan los líderes a unirnos sin diferencias de credo, raza o nación. Que la naturaleza sea preservada para que las nuevas generaciones la disfruten y hereden la Tierra. Que una pareja infértil quede embarazada. Que se cure un cáncer. Que volvamos a enamorarnos como la primera vez. Que perdonemos cuando nuestro corazón aún sigue herido. Que volvamos a confiar . Que tengamos paciencia cuando no nos la tuvieron. Que cambiemos hábitos arraigados. Que reiniciemos un camino de Fe cuando nos decepcionaron. Que hagamos borrón y cuenta nueva cuando nos estafaron seres queridos.
¿Vieron, panópticos?
Estamos hechos de milagros.



