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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 23/abr/2017 de La Auténtica Defensa.

La Guerra de las Balanzas
Por Dr. Fernando Valdivia






Fernando Valdivia

Muchas personas realizan elecciones alimentarias que aparentan traerles soluciones momentáneas pero que en definitiva no es otra cosa que que la base del problema siguiente. Pero aún así continúan tomando el mismo tipo de decisiones que les funciona por un tiempo pero que los devuelve, más temprano que tarde, al estado original o incluso a uno peor. Básicamente estas personas organizan sus vidas sobre un sistema de creencias que les es totalmente ajeno, basado en la publicidad y la nutrición mecanicista, descartando todos los aprendizajes e información que están de una u otra manera acumulada nuestro acervo inconsciente.

Es entonces cuando deciden hacerse macrobióticas porque alguien dijo que previene y hasta cura el cáncer. Pero como mucho arroz integral tampoco es bueno, pasan a formas vegetarianas con menos granos. Se hacen vegetarianos tradicionales. Se aburren de tanto verde y entonces se dan permiso para la incorporación de huevos y leche, y pasan a ser lacto-ovo-vegetarianos. Les dicen que lo importante es incorporar ácidos grasos omega múltiplos de tres y que eso está en el pescado, entonces pasan a ser lacto-ovo-pesce-vegetarianos. Pero escuchan por la radio que los pescados son potenciales fuente de peligrosos metales pesados, como el mercurio. Dejan el pescado. Empiezan a masticar mucho la comida para que les mejore la digestión, hasta que descubren que hay una corriente que se llama crudivorismo y entonces se animan a comer todo tipo de frutas y verduras sin cocción. Se sienten cómodos y deciden sumar carnes crudas. Se intoxican. Buscan detoxificarse. Escuchan que existen las dietas "detox" y ven los videos de un cocinero que prepara los brebajes típicos mezclando yuyos con frutas y aromáticas. Salen corriendo al baño, donde pasan largas horas. Comen arroz (esta vez el que no tiene fibra). Cuando se recuperan optan por volver a una dieta más convencional y comienzan con la Mediterránea. Pero resulta que escuchan que mucho aceite de oliva no está bien. Pasan por la dieta Dukan, la dieta de los puntos, la dieta de la piña y la de la alcachofa. Ven un comercial de unos polvos que agregados a ciertas comidas son la llave de la felicidad. Gastan 100 dólares por mes solo en los polvos, hasta que abandonan. Deciden dejar todos los polvos, incluyendo las harinas, porque su celebridad favorita lo hizo y se ve muy esbelta. Entonces hacen la dieta sin TACC. Van a una cena con amigos y se llevan un bife con ensalada mientras el resto disfruta de unas pizzas amasadas por la anfitriona. Se sienten como sapo de otro pozo. Retoman el consumo de harinas, pero esta vez solo integrales, porque leyeron en un libro que las refinadas son casi tan peligrosas como el veneno para ratas. Un amigo adicto a la dieta Paleo sale a correr descalzo como parte de su vida cavernícola en la gran ciudad. Empiezan la dieta Paleo. Comparten todos los asados posibles con amigos, pero solo toman vino, nada de gaseosas ni cerveza. El amigo que sale a correr descalzo pisa una piedra, se desestabiliza y se tuerce la rodilla. Alguien le dice que puede ser gota. Deja la carne y convence a sus amigos de dejarla. Buscando reconocidos nombres propios pasan por la dieta Atkins, la Scardale, la Perricone y el método Ravenna. No pueden más de hambre y se desesperan cada vez que ven un plato ajeno más o menos lleno. Deciden comer de todo, pero solo si se trata de alimentos "orgánicos". Se aburren esperando las fechas en la que los feriantes del ramo se reúnen para vender sus productos. Se van de viaje y hacen la dieta de la zona. Aprovechan que el vuelo de regreso dura 8 horas para hacer la dieta de las 8 horas. Experimentan revelaciones del universo que les hablan del valor de todos los seres vivos y se hacen veganos. Compran solo ropa sintética y se suman a un movimiento de difusión de la tendencia. Toman helados "veganos", helados sin leche ni crema. Van a un nutricionista para que les balancee la dieta por las proteínas que dejaron de consumir al restringir la carne. Hacen un curso para elevar su estado de conciencia y descubren que todos los seres vivos tienen sentidos. Incluso se enteran que los vegetales tienen los 5 mismos que nosotros y 15 sentidos más. Empiezan psicoterapia para bajar la ansiedad oral. Leyendo el horóscopo en una revista de la sala de espera descubren que la clave está ahí, y hacen la dieta del signo. Exploran la dieta cetogénica. Retoman el curso de búsqueda espiritual de conciencia y descubren que ya hay algo llamado alimentación consciente. Ven los videos del mismo chef que proponía tomar los licuados para detoxificarse, sin reparar en que la naturaleza evolucionó millones de años para dotarnos de dos órganos que cumplen dicha función, como el hígado y los riñones. Miran Master Chef y arrancan la Dieta de la No Dieta. Retoman psicoterapia, pero ahora grupal, para compartir las experiencias. Practican acupuntura y comen solo comida oriental. Van a un spa un fin de semana con todo incluído en donde solo preparan comidas con alimentos cultivados en su predio.

Lo bueno de este camino es que no se puede negar que lo intentaron todo. Incluso que lo sufrieron en carne propia, con privaciones. ¿Tanto esfuerzo de búsqueda para encontrar lo que siempre estuvo ahí? ¿Tanta obstinación por obtener respuestas para preguntas que no existen? Sabemos que tenemos la sabiduría para resolver nuestros dilemas alimentarios. Millones de años de evolución transmitiendo información de generación en generación. Información que ha estado todo el tiempo con nosotros y de la que podemos disponer si tan solo decidimos despertar para hacer de nuestra alimentación un camino para una vida mejor. Es hora de abandonar esta pesadilla que cuesta vidas, calidad de vida y mucho dinero.

Dr. Fernando Valdivia / Email: thefoodplannerarg@gmail.com / Twitter: @thefoodplanner / Facebook.com/foodplanner


 
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