Un día llegaron a la antigua Sumeria unos mercaderes que solicitaron reunirse con sacerdotes y escribas.
-¡ Miren lo que inventaron los egipcios! - les dijeron a los sumerios, al tiempo que ponían ante sus ojos unas láminas.
-Qué es esto? , preguntaron
-Es el papiro, una nueva manera de contener los escritos y favorecer la lectura - dijeron los mercaderes. Y añadieron con entusiasmo:
-Está hecho con fibras de plantas acuáticas que se entretejen y conforman una lámina que, al secarse, permite que luego se pueda escribir sobre ella. Fíjense, hasta se pueden pintar dibujos con vivos colores; y más, los papiros se pueden apilar, en un atado del grosor de una tabla caben muchos más relatos que en cualquier otra parte. No sólo ocupan menos espacio, además son más fáciles de transportar...
Los sumerios manipulaban los papiros en silencio y los estudiaban minuciosamente. Y finalmente dijeron:
-La verdad, para nosotros, como leer la tablilla de arcilla no hay. Los papiros son vistosos, pero nos resultan endebles. Necesitamos sentir al tacto el hueco de las letras y la consistencia del material. La tablilla de arcilla, como tal, es insustituible. Seguramente tenían razón.
Siglos más tarde, otros mercaderes llegaron a Egipto desde tierras muy lejanas y pidieron audiencia con los sacerdotes y escribas.
-¡Miren lo que inventaron los chinos!! Le dijeron los egipcios mientras ponían ante sus ojos una pila de delgadísimas láminas.
-Qué es esto? , preguntaron.
-Es el papel, una nueva manera de contener la escritura y favorecer la lectura- dijeron los mercaderes. Y añadieron con entusiasmo:
-Está hecho de una sustancia que se desprende del mismo arroz que queda flotando en la superficie cuando se lo sumerge en agua. Luego se lo levanta con un tejido y se deja secar para que conforme una lámina que, al secarse, permite que se pueda escribir sobre ella. Fíjense su practicidad, el papel es liviano y delgado, en un atado caben muchísimas más láminas que en uno de papiros, y se elaboran con con mayor rapidez...
-Los egipcios manipulaban los papeles en silencio, con suma atención. Y finalmente dijeron:
-La verdad, para nosotros, como leer del papiro no hay. Los papeles son demasiado suaves, necesitamos sentir la textura rústica. El papiro, como tal, es insustituible.
Seguramente tenían razón.
Siglos después, un grupo de mercaderes llegó a China con un libro encuadernado, tal como hoy lo conocemos y solicitaron una audiencia con el Emperador, que amablemente les dijo:
-Sinceramente, como leer del papel de arroz no hay. Al libro le falta magia, está todo armado. Yo necesito el ritual de desarmar lentamente el atado y separar armoniosamente los papeles.
Seguramente tenía razón.
Gracias Gustavo Rocco por tu aporte para que celebremos la 43a. Feria Internacional del Libro junto a todos los amantes de la lectura, no importa el soporte que tenga. Antes, durante y después, libros de a uno, de a dos y de a tres...
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



