La industria de bebidas sabe perfectamente que están jugando al límite de la publicidad engañosa cuando recomiendan el consumo diario de 2 litros de agua "sola", idealmente en la versión embotellada que ellos venden. Los famosos 2 litros diarios.
Pero vayamos un poco más atrás. Desde hace ya un par de décadas se observan importantes movimientos en la industria de bebidas. Las grandes marcas de gaseosas, previendo cambios de escenarios y haciendo caso a las tendencias que marcan la búsqueda de una alimentación más saludable, se lanzaron a la adquisición de firmas (internacionales y locales) de bebidas en general y de aguas en particular.
Hasta acá podría pensarse que las estrategias de diversificación productiva iban en sintonía con la especialización del consumo, dando origen a nuevos segmentos comerciales. Lo verdaderamente llamativo fue cuando las "aguas minerales" y las "aguas mineralizadas" empezaron a poblar las heladeras de los kioscos y las góndolas de los supermercados. Envases de todos los tamaños y formas acompañados por campañas de publicidad muy "agresivas" y costosas lograron imponerse. Una moda que quiso mostrarse científicamente fundamentada. Al igual que la campaña del "aceite sin colesterol" de hace unas décadas, la publicidad hizo otra vez de la suyas y terminó convenciendo a millones de personas de la necesidad de tomar agua embotellada. Dos litros por día, para ser precisos, como una condición indispensable para la eliminación de toxinas.
Vayamos por partes: ¿Para qué tomamos agua?
El agua es el principal componente de nuestro cuerpo. Alrededor del 70% de nuestro organismo es, básicamente, agua. Aproximadamente el 65% de ese total se encuentra en el interior de las células mientras que el resto circula en la sangre y forma parte del recubrimiento de los tejidos. Entre las funciones más destacadas del agua tenemos que actúa como disolvente, facilita el transporte de sustancias, forma parte estructural de las células y tejidos (como dije antes) y ayuda en los mecanismos de regulación de la temperatura corporal. Dicho de otro modo, cumple funciones absolutamente vitales. No hay vida sin agua.
¿Evidencia científica o aprovechamiento publicitario?
No existe ninguna evidencia científica que sostenga la necesidad de tomar dos litros por día -unos 8 vasos grandes- de agua "sola". Y mucho menos que esos dos litros deban ser de agua embotellada.
Pero sí hay evidencia científica que avala lo contrario. Investigadores australianos se abocaron específicamente a demostrar lo innecesario de tener que tomar 2 litros de agua "sola" por día, derribando así las falacias que se instalaron desde la publicidad. Aunque, como es frecuente en la ciencia, las respuestas suelen llegar tarde: todavía seguimos viendo personas con su botellón de 2 litros de agua bajo el brazo y el mito está muy extendido.
Entonces, ¿qué cantidad de agua hay que tomar?
La cantidad de agua que se requiere es algo variable, ya que depende de las condiciones de cada persona, del lugar en donde vive, de la actividad que realiza, de la época del año y de muchos otros factores que hacen imposible determinar una cantidad exacta de líquido a ingerir diariamente.
En líneas muy generales, se estima entre 2 y 3 litros diarios para estar bien hidratado y poder cumplir con todas las funciones vitales. Pero el punto clave es que para alcanzar esta cantidad cuenta toda el agua que ingerimos, como el agua que contiene un plato de arroz, una fruta, una ensalada, una gaseosa, tomar mate o café, una cerveza o la pasta de la Nonna. Pensemos que la gran mayoría de las frutas y verduras que consumimos son, en más de un 90% de su constitución, agua. Definitivamente es necesario estar bien hidratado, pero hay que entender que esto no significa, ni remotamente, que haya que tomar dos litros de agua embotellada por día. La función excretora de detoxificación que realizan los riñones se llevará adelante igual si estos están sanos. Tomar agua demás solo hará que la orina esté más diluida.
Como siempre, la cuestión es más simple: millones de años de evolución han logrado que contemos con mecanismos fisiológicos muy sofisticados para la regulación del agua a través de la sed y la micción, de modo que nada mejor que nuestra "sensación de sed" para saber cuando hidratarnos.
¿Realmente vamos a creerle a la publicidad de una marca de aguas antes que a nuestra sensación de sed? ¿Millones de años de trabajo de la naturaleza para terminar entregados al disparate de un oficial de marketing o un creativo publicitario?.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



