La hipertensión arterial es uno de los factores de riesgo más serios en la hora de los accidentes cerebro vasculares. Los síntomas son :vértigos con zumbidos, cefaleas, las famosas "moscas volantes" en el campo visual, silbidos en los oídos, sensación de hormigueo, angustia, insensibilidad en los dedos. Muchos atribuyen la enfermedad a cuestiones hereditarias, respaldándose en lo que los ancestros le dejaron como legado ineludible. Pero hay otra lectura detrás de la alta presión. La palabra que designa la dolencia ya habla de la opresión íntima que acosa al enfermo. Es necesario recurrir a un médico, hacerle caso y, sobretodo, proponerse vivir de un modo diferente. No dejarle al profesional el rol de padre o madre a quién uno debe obedecer a ultranza a riesgo de un accidente .
La sal es uno de los enemigos de los hipertensos. Alquímicamente, la sal es vida. En muchos ritos se la utiliza como componente indispensable, así como el agua y el aceite. En la lectura simbólica del hipertenso, quedarse sin la sal es irse de a poco de la vida, cuando en su caso particular se da exactamente lo contrario. Conocerse es el camino. Mientras uno pueda equilibrar la psiquis y ayudar el cuerpo a sanarse, nos estaremos haciendo cargo de nuestras vidas. Si la angustia y la depresión perduran y la disfrazamos con sonrisas, estaremos actuando como una olla "a presión" sin la válvula de seguridad. Y lo más probable es que reventemos, haciendo estragos a nuestro alrededor. Una psicoterapia no vendría mal, como también la ayuda del entorno y un buen chequeo médico. Los controles deben ser regulares, evitan las malas sorpresas.
Sobretodo, propongámonos colocar en nuestras vidas la verdad sobre el tapete. Ésa es la mejor de las válvulas de seguridad que nos ha regalado el universo.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



