En una reciente entrevista concedida a un grupo de periodistas a la vuelta de su visita a China, el Ministro de Energía, Juan José Aranguren, refiriéndose al amparo judicial que frenó momentáneamente la suba de las tarifas de energía eléctrica, se preguntaba muy suelto de cuerpo "¿Qué es razonable?" y "¿Quién decide lo que es gradual?" contestándose "Para eso están las elecciones. Para que, si el criterio arbitrario de esta administración no es el correcto, venga otra administración y lo haga mejor".
Lo que el ministro nos está diciendo es que si el pueblo no está de acuerdo con cualquiera de las medidas que toma este gobierno debe esperar a las elecciones de 2019 porque ellos no están dispuestos a cambiar nada, ni siquiera la gradualidad de los aumentos de los servicios públicos.
Esta actitud de Aranguren, que es común en todo el elenco que nos gobierna, empezando por el presidente, demuestra que no es su idea representar los deseos de la gente que los eligió, sino sus propios intereses. Cambiaron aquello de que el pueblo gobierna por intermedio de sus representantes por esto de que el pueblo debe acatar mansamente y sin chistar todo lo que hagan sus supuestos mandatarios. Sea lo que sea.
Nos quieren hacer creer que ellos son los portadores de la verdad revelada, casi divina, que la mayoría no acompaña por no entenderla y, como Moisés, nos liberaron de esa nueva esclavitud llamada populismo y nos conducen a la tierra prometida. Eso sí, deberemos atravesar por larguísimo tiempo, muy extensos desiertos con sus correspondientes penurias para las grandes mayorías y de las que están exentas una minoría que consigue grandes beneficios.
En estos días se conoció el informe sobre bancos que publica todos los meses el Banco Central donde se indica que las ganancias de estos durante el mes de marzo de 2017 fue de 7.488 millones de pesos y que es un 65% mayor que la obtenida en marzo de 2016. Como vemos no todos sufren penurias.
Alguna vez Lilita Carrió dijo que los pueblos no se salvan, sino que son salvados y ellos, "todos juntos", son el nuevo Moisés. Sin embargo ellos mismos recomiendan cuando se trata de un representante infiel, es decir cuando no cumple aquello para lo que fue elegido, se lo cambie más temprano que tarde, sin esperar plazo alguno, porque se sabe que cuando más se espera, mayor es el daño producido.
En este sentido la sociedad debe comenzar cuanto antes a discutir sobre la necesidad de la incorporación a nuestra Constitución del mecanismo del referendo que le permita a la ciudadanía revocar los mandatos de quienes han sido elegidos y que a criterio de la mayoría deban dejar el cargo y llamar a una nueva elección de los reemplazantes. Quienes otorgan un mandato deben estar habilitados para revocar dicho mandato y no tener que esperar 4 años, sobre todo cuando hacen cosas diferentes a las prometidas en campaña.



