"Quiero respirar tu cuello despacito. Deja que te diga cosas al oído, para que te acuerdes si no estás conmigo..."
El mundo canta el estribillo pegadizo que Luis Fonsi lanzó éste verano. Hay versiones en chino, francés, italiano, polaco y guaraní. El fenómeno musical no deja de sonar. Es tal la despacitomanía que neurólogos de la Washington University, junto con el departamento de Psicología de la misma institución, declararon haber encontrado la fórmula de cómo se hace un hit, analizándolo. Todo consiste en hacer que el ritmo libere endorfinas, "la hormona de la felicidad", en quién lo escuche. Éso se da con una mezcla equitativa de sonidos graves y agudos, rápidos y lentos, en una voz de patrón universal, o sea, que tienda al agudo.
Por lo pronto, el portoriqueño de 39 años que estuvo la semana pasada en Argentina, portador de una sonrisa imborrable, cuenta que la escuchó en un sueño. Sí, en un sueño. Y para que no se le fuera de la memoria, la reprodujo en el "grabadorcito del celular". Le hizo caso a Borges, que se despertaba con los sueños frescos y los convertía, a lo largo del día, en maravillosos cuentos.
Creo que de eso se trata, panópticos, la enseñanza que viene detrás del éxito: olvidar las pesadillas y hacer realidad nuestros sueños.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



