Tolstoi dijo que el hombre empieza a valer la pena cuando pierde todo y se reconoce inútil. Todos los que pasamos los treinta años nos vimos en algún momento de la vida en ésa situación. En una sociedad exitista, en dónde el "tanto tienes, tanto vales", la valentía de saberse en problemas y de no tener todas las soluciones parece un valor cada vez más difícil de encontrar.
Donald Trump, el chico diez del mundo de los negocios, el representante máximo de la Ley de Atracción y autor de las fórmulas mágicas del "querer es poder" ya se transformó en una caricatura de sí mismo. El no colaborar con el Protocolo de París para atenuar el cambio climático en el planeta, los empujones a los demás presidentes para lucir mejor en la foto, el dorado recargado de sus decorados ya son un el símbolo del mal gusto, del esparpento y del desencanto en el que puede desembocar el poder sin valores humanitarios.
Cuando privilegiamos los mercados y no las personas, cuando cuidamos nuestro metro cuadrado y dejamos que caiga el mundo, cuando no tenemos grandeza de corazón y lo cubrimos con trajes que valen una fortuna, estamos en problemas. Ni hablar cuando Donaldito maltrata a la primera dama en público. Un verdadero papelón. Panópticos, cuidado con copiar el ejemplo: del ridículo jamás se vuelve.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



