Ya se vino el invierno, la estación del sol débil, las lluvias, el frío y las heladas.
El invierno también se asocia con la etapa final de la existencia, aquella edad en la que el tren de la vida se va acercando a su última parada. Cuando nos damos cuenta que nuestros seres queridos se están acercando a esa parada, nuestro corazón se llena de tristeza. Pero desde el punto de vista cristiano, hay vida después del invierno.
Las semillas de trigo y cebada han sido ya sembradas, esperando que las primeras lluvias las pongan en plena actividad de germinar. La hojarasca que queda esparcida por el bosque, mantiene la humedad permitiendo que las hojas se descompongan, abonando así la tierra. EL invierno es un tiempo de descanso para las plantas, donde se preparan para un nuevo ciclo vital que llega con la primavera.
Como en la naturaleza, los seres humanos también tenemos temporadas de invierno. Después de un tiempo de mucha actividad, responsabilidad, y arrastrar cargas pesadas, nuestras fuerzas flaquean, la enfermedad, experiencias negativas, sensación de fracaso e inmadurez nos roban la ilusión y en ocasiones nos llevan a estados depresivos.
En nuestro invierno necesitamos que todo el material de las estaciones pasadas, la hojarasca, las plantas secas, el abono, etc. sea transformado y nuestra tierra se limpie.
Es durante el invierno, esa etapa sin ilusión, que nos es más fácil ceder, entregar aquello de nuestras vidas que no estábamos dispuestos a entregar antes, es el tiempo de que el grano de trigo caiga en tierra y muera, para llevar así mucho fruto (Juan 12:24).
Pero los días son fríos, los cielos grises, las noches parecen eternas, es así el invierno Es tiempo de morir, hablando, más bien de la muerte como una época de cambios y transformaciones, algo necesario, si no queremos quedarnos estancados en ese frío invierno en el que a veces por inseguridades y dudas decidimos permanecer de por vida.
Es hora de dejar atrás todo aquello que de una forma u otra se ha convertido en un lastre en nuestras vidas, ya sean personas, deseos, sentimientos que nos oprimen la mente y el alma, obstáculos que nos impiden salir.
El invierno es un tiempo de descanso, es tiempo de recuperación, restauración y preparación para la próxima temporada. Dicen que cuánto más duro es el invierno, más esplendorosa es la primavera que le sigue.
El invierno es tiempo de "morar al abrigo del Altísimo" (Salmo 91:1), de refugiarse en El, sentir su calor y protección en medio de las tormentas.
Es tiempo de "Estad quietos y conocer que yo soy Dios" (Salmo 46:10). Muchas veces tenemos que dejar de luchar y entregarle a Dios el control de la situación que nos toca vivir. Nuestra confianza está en Dios, porque sabemos que detrás del invierno siempre nos espera la primavera. No solo que hay vida eterna después de la muerte con Jesús, sino que podemos transmitir a otros esta experiencia de lo útil que es hacer las labores que agradan a Dios en las otras estaciones de la vida.
Nadie puede saber cómo será el invierno de su vida, por eso la Palabra de Dios nos insta a no detenernos, tener esperanza y sembrar, cuanto más sembremos, más abundante cosecha tendremos en el invierno de nuestra vida.
Pronto vendrá la primavera a tu vida si elijes sembrar con Jesús.
Busca una iglesia que enseñe de Cristo y La Palabra de DIOS. "La Biblia"
¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Luís Rodas
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