Enfrentando la furia de las olas del mar, en el archipiélago que se encuentra cerca de la ciudad de Ishinomaki, en Japón; está Miyasaki, una isla muy pequeña de sólo 4,4 hectáreas, con una altura de 6 metros sobre el nivel del mar y a sólo 30 minutos del ferry de la Prefectura de Ehine.
En un principio, ni el nombre ni el lugar parecen atractivos, pero la peculiaridad que tiene hace que se conozca con el nombre de Isla de los Gatos.
Se encuentra habitada por personas de edad avanzada. En el año 1945, contaba con una población de 900 personas; en el último Censo realizado en el lugar en el año 2015, quedó establecido que el número de habitantes es de 20 personas.
Lo increíble de este lugar es el ejército de 300 gatos callejeros que la pueblan; éstos encontraron refugio en la gran cantidad de casas abandonadas del lugar.
Ésto comenzó hace algunas décadas, cuando las personas que habitaban la isla, se dedicaban a la cría del gusano de seda, el gran problema para desarrollar esta actividad lo constituían la proliferación de ratones, los que causaban estragos en la población de gusanos.
La solución que encontraron los habitantes fue la de traer gatos desde la ciudad de Ishinomaki, de esta forma la cantidad de ratones disminuyó radicalmente.
Los japoneses le tienen un especial afecto a los gatos, al alimentarlos y cuidarlos, la población de gatos creció de tal forma que se considera que hay tres gatos por cada habitante.
Lamentablemente, causas económicas ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial, hicieron que el interés nacional por la producción de seda artesanal bajara, lo que condujo a que los habitantes de Tashiro, buscaran otras formas de mantenerse. Por suerte para ellos encontraron la solución relativamente rápido, se dedicaron a la pesca, lo que benefició a la población felina, ya que los pescadores les dan los restos de la pesca del día, como agradecimiento, pues creen que les dan buena suerte en la recolección de peces.
Los pescadores aman a los gatos porque no sólo han mantenido a los ratones fuera de la isla, sino también aprendieron a estudiar las reacciones, comportamientos y conductas de estos animales previas a un sismo o una tormenta muy fuerte, lo que les permite tomar el recaudo necesario cuando salen a faenar para que no los sorprenda la tormenta en alta mar.
Gracias a ésto, en la isla se han edificado santuarios, en honor a estos felinos.
El lugar fue afectado por un reciente terremoto, quedando intacto, pero aislado por el desastre. Sus habitantes necesitan comida, pero llegar allí en bote se ha revelado casi imposible debido a la cantidad de escombros que hay en el agua. La única forma de transportar víveres hasta la isla es en helicóptero.
El tiempo ha pasado y la gran mayoría de las personas que aún sobreviven en la isla son mayores de 65 años, por lo que nuevamente los gatos vienen al rescate al ser usados como atracción turística, pues gracias a ellos y a muchas fotos del lugar han logrado atraer el interés de muchas personas, sobre todo jóvenes, los habitantes tienen la esperanza de que les guste y se queden a vivir en ella, pues dentro de unos años si no llegan nuevos pobladores a la isla, los ancianos morirán y los gatos no tendrán quién los cuide.
Tashiro se hizo famosa cuando una cadena de televisión presentó a uno de los gatos residentes.
El ferry entre la isla y el continente solía llevar entre diez y veinte pasajeros al día después de la temporada de verano. Desde la aparición del gato llamado Jack en la TV, la cantidad se ha duplicado y hasta triplicado durante los fines de semana.
Sería lamentable que desapareciera esta gran población felina, que ha logrado subsistir por décadas, convirtiendo el lugar en una atracción turística y sólo contando con el alimento escaso que le proporcionan los pobladores de buen corazón.



