Hoy en día, la pantalla del celular se interpone entre nosotros. Dos o más personas, estando juntas, pueden estar compartiendo la misma cosa pero sin interactuar. En el peor de los casos, dos o más personas pueden compartir un encuentro pero cada una enfocada en una anécdota diferente de las otras, como si hubiere una necesidad-quizás producto de un anhelo metafísico o de la ciencia ficción-de estar en varios lados al mismo tiempo, como lo sugiere la mecánica cuántica.
Y lo cierto es que en este tipo de interacción, primero está la pantalla y después el otro; es decir, acercamos lo distante y alejamos lo cercano. Así, aquello que el otro expresa en nuestra presencia, va rebotando por las tangentes de lo que prioriza nuestra atención: lo que nos muestra el celular. Y la persona, que físicamente tenemos enfrente, queda como un astronauta flotando en el espacio, esperando recibir alguna señal de nuestra parte.
Lo curioso es que si se diera el caso inverso, el que ahora "flota" tendría nuestra prioridad de atención por haber accedido, cual Superhéroe de cómic, por la frecuencia que lo pone ante nuestros ojos a través de la pantalla. ¿Qué pasaría si alguien que "flota" se levanta y se va? ¿Cuál sería el efecto de ese vacío sobre el otro cuando se digne a darle una señal y se dé cuenta de que el "astronauta" ya no está?
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



