No era el mejor día para hacer un asado. La ciudad entera lo sabía. Llovía a cántaros y el viento tumbaba árboles como si fueran fiches de dominó. A nadie se le hubiese ocurrido ir a comprar carne, carbón o leña. A nadie salvo a Héctor, claro.
Héctor andaba al revés del mundo. Y se jactaba de ser así. "Si la televisión sugiere que nos guardemos porque llueve o porque hay rayos, entonces yo me pongo el impermeable y salgo. El periodismo no me va a digitar la vida", decía.
Esa mañana se emponchó como pocas veces y salió. Fue al almacén y compró todo lo necesario. Volvió a la casa, empapado de la cabeza a los pies. Caminó al fondo y comenzó a prender el fuego bajo un pequeñísimo techo de chapa que apenas cubría la parrilla. "Sacaría una foto y la mandaría al noticiero", pensó.
Llovía tanto que los pocos papeles de diario que llevó para iniciar el fuego se le mojaron por completo. No servían. Utilizó alcohol, pero el viento estaba tan rebelde que una llama casi le incendió la campera.
No se iba a dar por vencido. Si las condiciones no eran las adecuadas, más iba a insistir entonces. Sin papeles ni cartones, con un viento atroz y con una gran masa de agua cayendo todavía, la cosa estaría difícil. Sin embargo, en medio del temporal, una idea lo atravesó como un rayo: "¿quién fue el idiota que dijo que no se puede hacer un asado en el living?".
La parrilla era de esas modernas con rueditas para trasladar. Jamás la había movido del patio, pero creyó que ese era un buen día para hacerlo. "Siempre hay una primera vez para todo", exclamó en voz baja.
Una vez instalado en el living, roció las maderas y el carbón con alcohol. Con demasiado alcohol. Y con kerosene. Antes de echar el fósforo, tomó un vaso de vino a fondo blanco. Por un momento se arrepintió de hacer el asado; un mal presentimiento le dio vueltas por la cabeza. Lo dejó pasar. Raspó el fósforo y lo tiró sobre el líquido inflamable.
La llamarada rosó el techo. El fuego se descontroló hasta alcanzar las cortinas. La casa ardió. "Linda noticia le estoy regalando al maldito periodismo", alcanzó a pensar, segundos antes de transformarse en un pedazo de carne chamuscada.
Augusto Dipaola / email: augustodipaola84@gmail.com
Los hombrecitos: Por Augusto Dipaola . Nunca creí en hechos sobrenaturales ni en cosas por el estilo. Ni… https://t.co/RS6AwmS06v #CampaBA
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