Hace poco fue el aniversario de fallecimiento de mi suegro y todos nos habíamos olvidado. De pronto, sonó el teléfono de línea. Una voz irreconocible, llena de interferencias, trató de comunicarse. Corté pensando que parecía un llamado del más allá y de inmediato, recordé: es "la fecha" de Rolando...
El primero a dar crédito a la serie de coincidencias no casuales, a las que llamó sincronicidad, fue Gustav Jung. Para el pensador suizo el Universo se manifiesta de modo a conectarnos sutilmente con todas las cosas que suceden a nuestro alrededor. Se comunican de manera a enseñarnos maravillas las plantas, el cielo, las estrellas, sólo falta estar atento e interpretar el mensaje que necesitamos saber.
Mi esposo quedó sorprendido porque su padre era fanático de los avances tecnológicos. Decía en broma que antes de aparecerse como un fantasma anacrónico, llamaría por teléfono. La verdad es que no me interesa si fue él en persona el dueño de la voz distorsionada, sí me entusiasma la idea que haya encontrado la manera de transmitir un mensaje acorde a su estilo. Es inspirador saber que el amor no conoce barreras ni distancias. Y tiene buena memoria, a punto de recordar después de tantos años, nuestro número de teléfono.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



