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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/ago/2017 de La Auténtica Defensa.

Fútbol Infantil:
El profesional Fútbol Infantil
Por Nestor Oscar Bueri






Nestor Oscar Bueri. Foto: Archivo.

Cuando aun no tenía edad suficiente para andar potreando por ahí, la calle era una buena opción para jugar a la pelota con los amigos de la cuadra. Los árboles de la casa de don Domingo Pan eran un excelente arco para atajar, la pelota de cuero celeste y blanca que había ganado llenando un álbum de figuritas con mi amigo Oscar, daba sus primeros pases cortos en un ida y vuelta sobre el asfalto que me lastimaba el corazón sintiendo el ruido de raspón que la despintaba.

La calle de mi infancia era cancha de futbol en cualquier momento, solo se interrumpía el partido cuando "el viejo de los trapos" asomaba con su paso corto y rápido, y ahí los arboles de don Domingo dejaban de ser arcos para pasar a ser escondite. También se paraba el partido cuando después de poner a prueba nuestra velocidad de piernas, reacción y reflejos no podíamos evitar que la pelota de mis amores ruede por el agua podrida del cordón. Era momento de culpas compartidas, denunciantes, alcahuetas, acusadoras que solo se detenían cuando se hacía girar la pelota sobre el pasto en forma de limpieza.

Pero particularmente para mí la única forma de detener el partido era ver cuando llegaba el lechero Cozzo a traerle la leche a mi mamá que salía rápida con esa lechera de aluminio con mango dorado y que tenía una enorme tapa con enormes agujeros también. Ponía la pelota debajo de brazo, me paraba al lado de mi mamá pero bien cerca del caballo que tiraba el carro.

La indumentaria era lo de menos, una remera cualquiera, el pantalón corto era el mismo de siempre y unas zapatillas "Flechas" de lona, a veces ni siquiera medias. Los clásicos botines "Sacachispas" quedaban para otra ocasión y algunos de mis amigos se animaban a unas zapatillas de plásticos de nombre "Skippi" que tenia agujeritos en toda la zapatilla. Así era jugar a la pelota en la calle, pocas interrupciones, unos árboles de arcos imaginarios, una pelota que se empecinaba en ensuciarse y en ensuciar, indumentaria barata y un equipo de amigos compartidos.

El futbol infantil está cada vez más profesionalizado. Los empresarios buitres buscan talentos a sola vista cuando todavía no compartieron ni el abrazo de gol. Pero para que haya empresarios buitres existen padres en forma de carroña preparados. La indumentaria del niño jugador pasó a ser el disfraz "del quiero ser" comprados por su futuro representante que incluye canilleras tan grandes como su piernitas de cablecitos, pantalón a tono con la camiseta anti transpiración y botines acordes a medida del pie de colores fluo y doble costura reforzada con goma espuma. Y como si fuera poco este profesionalismo infantil, los padres discuten con los árbitros hasta parar el partido y llevan bombas de estruendo para festejar un campeonato…

Pensar que mis amigos se quejaban porque yo detenía el partido un ratito para ver cuando llegaba el lechero Cozzo…


 
P U B L I C I D A D






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