Los estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (un organismo de cooperación internacional, compuesto por 35 Estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales) y la Organización Internacional de Trabajo (organismo especializado de las Naciones Unidas que se ocupa de los asuntos relativos al trabajo y las relaciones laborales) sobre el "Modelo de Flexiseguridad", demuestran que los resultados socioeconómicos de estas políticas se caracterizan por unas tasas de empleo elevadas, mientras que las tasas de desempleo y pobreza relativa son bajas.
Sin embargo, el costo de este modelo en términos de Presupuesto Público es muy alto, y es una de las principales críticas que recibe.
También, se dice que es un sistema que busca cuidar al trabajador, y no al puesto de trabajo. Es un modelo de organización del mercado del trabajo flexible, que garantiza políticas proactivas por parte del Estado. El objetivo de la aplicación de este modelo es lograr un mercado de trabajo flexible, que garantice la protección social de los trabajadores y contribuya a que sea más reactivo, inclusivo y competitivo.
Algunas de las economías más avanzadas de la Unión Europea desde mediados de los años 90 y que podría servir tal vez como modelo de cara a la reforma que impulsa el Gobierno Argentino.
Nuestro país tiene un esquema opuesto a este y que para aplicarlo se requiere superar "una barrera cultural", que seguramente llevara, de ser así a comisiones de estudio en interpretación y legislación con las partes comprometidas. Este sistema se basa en 3 pilares , que juntos conforman e "Triángulo de Oro": 1) Flexibilidad construida con base en pactos contractuales adaptables y fiables (un mercado laboral que sea sencillo de despedir y contratar empleados para adaptarse a las nuevas condiciones de productividad y actividad económica de cada coyuntura). 2) Alta protección social para los desempleados (un generoso programa de Seguridad Social en caso de desempleo). 3) Política de formación y reinserción laboral, muy activa mediante estrategias integradas de aprendizaje a lo largo de la vida laboral que aseguren la adaptabilidad continua de los trabajadores, (un activo programa de políticas para que los desempleados se integren lo antes posible).
El término, que proviene de la combinación de flexibilidad y seguridad, tiene sus orígenes en 1995 en los Países Bajos a raíz de una nota del Ministro de Trabajo, Ad Melkert, titulada Flexibilidad y seguridad. Esta ley facilitaba el uso de contratos temporales, otorgando los mismos derechos de cobertura social, independientemente del tipo de contrato y sometía a las empresas de trabajo temporal a normas más estrictas.
En Dinamarca, el concepto de "Flexiguridad" se menciona por primera vez en una publicación del Ministerio de Trabajo en 1999 donde se describe el famoso "Triángulo de Oro". Siendo posterior el uso del término, la experiencia danesa es, sin embargo, la que se cita con mayor frecuencia. En castellano empieza a difundirse debido a la publicación de las Directrices integradas para el crecimiento y el empleo por la Comisión Europea en 2005, donde se destaca "la necesidad de adaptar la legislación laboral para promover la flexibilidad y la seguridad del empleo y reducir la segmentación del mercado de trabajo".
Si bien en este texto aún se usan las palabras "Flexibilidad" y "Seguridad", surge la necesidad de unirlas con la intención de sintetizar en un solo término dos palabras que son el resultado de opciones ideológicas antagónicas sin primar una sobre otra. Desde que apareciera en el Libro Verde: Modernizar el Derecho laboral para afrontar los retos del siglo XXI, en 2006, el término "Flexiguridad" se ha difundido ampliamente por los textos de la Unión Europea.
En Argentina existe una fuerte protección al puesto de trabajo registrado (altos costos de despidos), pocos incentivos a la creación de empleo y los seguros de desempleo que ofrece el Estado son magros. La propuesta de la "Flexiguridad" parecería presentar todas esta falencias, aunque la adopción del esta método o esquema plantea un par de problemas, por un lado, aumentaría con certeza el gasto público destinado a financiar seguros de desempleo y programas de formación profesional, otros es la "barrera cultural", aquí debemos decir que en la Sociedad Argentina una gran preocupación por mantener los puestos de trabajo, aunque estos se desarrollen en actividades ineficientes, la fobia del despido probablemente esté asociada al traumático episodio de híper-desempleo que padecimos en el año 2002. El cambio cultural que habría que instalar es el abandono de la protección al puesto de trabajo para pasar a la protección del trabajador.



