Quienes vienen leyendo esta columna habrán observado que suelo hablar de alimentación, evitando, deliberadamente, el uso del término nutrición. Es que más allá de que muchos lo utilicen como sinónimos, no significan lo mismo.
¿Qué es la alimentación?
La alimentación es una compleja secuencia de acontecimientos que incluye necesidades biológicas para el funcionamiento de nuestro organismo y, también, determinaciones de orden cultural, siendo uno de los hechos sociales más importantes de nuestra especie. Ambas dimensiones cumplen roles fundamentales. Pero lo más importante es que la alimentación es un acto deliberado y consciente. Como seres humanos, nos alimentamos, esto es, decidimos qué alimentos vamos a consumir y los seleccionamos, adquirimos y preparamos de acuerdo a nuestra historia, tradiciones y preferencias.
¿Qué es, entonces, la nutrición?
La nutrición es estrictamente el proceso fisiológico que consiste en el aprovechamiento de los nutrientes que contienen los alimentos que ingerimos (es decir, cuando nos alimentamos). La finalidad es la de sostener las funciones vitales del organismo. Estos procesos, además de remitir conceptualmente a estrictos fenómenos biológicos, se dan a nivel molecular, es decir, son interacciones químicas que se manifiestan a nivel microscópico y, por tal motivo, se encuentran fuera del alcance de nuestras decisiones, sean estas conscientes o inconscientes. Dicho de otro modo: son mecanismos automáticos que nuestra fisiología lleva adelante independientemente de nuestra voluntad.
La gran paradoja
Desde hace algunas décadas, y particularmente en occidente, los "alimentos" parecen haber dejado su lugar a los "nutrientes", proceso que implicó la pretensión de reemplazar a la naturaleza por la ciencia. Las personas dejaron de alimentarse para buscar nutrirse. Consecuentemente, perdieron la posibilidad de ser quienes toman las decisiones de qué comer, dejándolas en manos de la industria alimentaria y su publicidad grotesca.
Pero lo más llamativo es que a medida que fuimos abandonando la práctica de alimentarnos por la de "nutrirnos", las enfermedades relacionadas con los alimentos no han parado de crecer como problema sanitario. A mayor preocupación por estar "mejor nutridos", más graves son los problemas derivados del consumo de alimentos.
Una nueva era comienza
La siguiente figura probablemente sea un grotesco, pero no está muy lejos de la realidad: La industria alimentaria vende los alimentos para que más tarde aparezcan las industrias farmacéutica y médica vendiendo las "soluciones" a los problemas generados por la primera. Dicho sea de paso, son cada vez más notorias las alianzas de tipo económico entre la industria de alimentos y la de medicamentos, en una carrera de alianzas, fusiones y adquisiciones que van configurando una nueva industria a mitad de camino conocida como "nutracéutica".
Así, millones y millones de dólares son gastados en el diseño y colocación en el mercado de alimentos que pretenden parecerse a medicamentos. Del mismo modo, se multiplican las ofertas de alternativas dietarias que pretender ser la guía para una vida mejor. Las personas se transforman en pacientes y todos parecieran estar necesitados de un asesor que le indique lo que debe comer y lo que no.
Como en tantos otros casos en la historia, la pretensión de controlar las llaves de la naturaleza ha puesto en jaque a la humanidad.
¿Seremos capaces de retornar a las raíces integrando los aprendizajes que la vida moderna nos ha legado? Por el momento solo se avizoran cambios muy focalizados en algunas regiones del planeta en la que los consumidores van retomando el control de sus vidas. Contrariamente, en esta parte del planeta, todo parece indicar que seguiremos por el camino equivocado por muchos años más. Es por eso que vemos más personas en las farmacias que en las verdulerías.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



