Tengo una amiga argentina viviendo en Houston que se enfrenta en éstos momentos con el poderoso huracán Harvey. La ciudad está en situación crítica y todavía se esperan cuarenta y ocho horas más de agonía. Media región está bajo el agua, hay miles de desplazados y según la CNN "es la tormenta más fuerte que jamás vivió los Estados Unidos". Es un F4 según la medición de ciclones de Saffir-Simpson, cuyo valor máximo es el 5. Marcela, así se llama mi amiga, ésta mañana tenía luz, provisiones y una gran solidaridad alrededor que permiten que ella y su perra se encuentren bien. Ante los vientos de 215 km por hora los aeropuertos se encuentran cerrados. En el estado de Texas se refina el 45% de los combustibles para el consumo interno de los Estados Unidos. A razón del caos climático las actividades fueron interrumpidas y los trabajadores, evacuados.
Hablando con un ser querido que se encuentra en problemas, a la distancia, pienso en la importancia de los afectos y la dicha de poder comunicarnos. Cuánto más feliz nos sentimos los humanos pudiendo expresar lo que sentimos y en recibir afecto dónde quiera que estemos. Qué triste ha de sentirse quién no puede decir qué siente por el prójimo.
El otro, siempre uno de los reflejos del rostro divino. El clima, formas de un paisaje interno que pocos nos atrevemos a reconocer como preexistente. Como dijo Marcela, testimoniando lo que ocurre a su alrededor , veo exteriorizado lo que me tocó vivir éste año en silencio.
El sabio ante la adversidad no se desespera, sino que transforma la experiencia difícil en una razón más para incrementar su sabiduría. Hace que la vida se vuelva poesía.



