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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 20/sep/2017 de La Auténtica Defensa.

El Panóptico:
El secuestro energético
Por Fabiana Daversa




La capacidad de asombro es el índice de frescura del alma. Quién no se asombra por nada es un zombie, un muerto en vida. Pareciera que ya no hay motivos para semejante emoción. Todo lo imaginado se creó y lo fabricado se puso a la venta. Ya no nos sorprende casi nada. Cuánto a la maldad humana, ni hablar. Las maneras inimaginables de matar, maltratar el prójimo y hacer desaparecer lo ajeno tienen más modelos que las colecciones del Fashion Week. Confesiones de los famosos en la pantalla grande, detalles que otrora sorprendían, dejaron de hacerlo a partir del momento en el que se notó que lo único que deseaban era subir el rating. Todos nos sentimos peces ante el anzuelo en época de elecciones. Al secuestro real, teléfónico y virtual, se sumó el secuestro energético, el que nos arrebata el ánimo y las ganas de vivir sin que nos demos cuenta. Todos quieren el bocado tierno de nuestra alegría, buena disposición, y salud. Intercambiar tiempo y espacio forma parte de la socialización, pero arrebatarnos el ánimo, quebrantarlo para salir airoso de una discusión o disputa es una técnica propia de los secuestradores energéticos. ¿Cómo detectarlos?

En primer lugar, disienten por todo. Su principal arma es la discusión. Un papelito en el piso puede desatar la pelea que busca para detonar sus artilugios, Cuando van al conflicto, desprecian e ironizan, poniendo al otro en ridículo. Lo quiebran. Lo sacan de eje. Cuando logró que el mal humor se instale, triunfante, recoge lo que el otro descuidó: su energía. Su satisfacción es nuestro desánimo. Luego, todo sigue como si nada hubiera pasado.

¿Cómo rescatarse? Imagine en el rostro del otro una máscara de su villano preferido: Guasón, Freddy, Gatúbela. Déjesela puesta por un rato. No pierda ni por un segundo la calma y haga de cuenta que nada ha cambiado. Mire la escena desde otro lugar, detectando los puntos débiles que él conoce tan bien y refuércelos. Imagínese un cilindro de cristal que lo rodea, inquebrantable. Sonría, no se deje atrapar. El que se enoje, perderá. Cuando el sistema se desactive, sáquele la máscara y disfrute del recreo. Recuerde que ante un secuestrador energético, panóptico, no deberá relajarse nunca. En cuánto menos espere, lo enfrentará con un nuevo combate.


Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez

 
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