Francisco Alvarez Campana, el mercader andaluz que dio nombre a nuestro Pago, a nuestro Pueblo y a nuestro Partido, fue uno de los mercaderes más destacados del Buenos Aires colonial, justamente en el momento en que la ciudad puerto se preparaba para ser designada Capital de un nuevo virreinato. Junto a otros grandes hombres de negocios, Campana fue parte de un proceso de crecimiento sostenido de Buenos Aires como capital mercantil atlántica, proceso fortalecido por la caída de Portobelo en 1739 y las sucesivas reformas borbónicas que favorecieron al comercio por el Río de la Plata para amargura de los mercaderes limeños. Si algo caracterizó a nuestro personaje es que fue, además de un hombre de caudales, un ingenioso emprendedor. A mediados del siglo XVIII, el Cabildo de la ciudad trató una curiosa iniciativa de Campana: Para el mantenimiento del Colegio de Niñas Huérfanas que él mismo había creado, propuso al Cabildo dos proyectos: la construcción de un pozo para juntar granizo en invierno y venderlo en verano, y una recova para comercios, atravesando la Plaza Mayor. La recova se construyó, como sabemos, y sobrevivió hasta que la piqueta del Modelo Agroexportador la pasó por arriba. Del depósito de hielo, sabemos que la propuesta incluía una cláusula de exclusividad perpetua que el Cabildo creyó excesiva, por lo que se le concedió autorización por 10 años, disponiendo que su beneficio fuese por partes iguales para la Hermandad y para los propios del ayuntamiento. Nunca se construyó. Parece un delirio, pero en Europa abundaron esas construcciones, como la que ilustra el libro de Pedro Ayuso Vivar, "Pozos de nieve y hielo en el Alto Aragón".
Comerciante mayorista y minorista, constructos de casas, y prestigioso Hermano Mayor de la Hermandad de la Caridad, completó sus negocios con otros dos interesantes y curiosos emprendimientos: la primera curtiembre sobre el Riachuelo y un obraje de ponchos por el que Campana pagó unos ocho mil pesos, "no porque realmente valga esa cantidad, pues confiesan todos que no puede valer tanto, sino por que estando armado con una nueva idea y oculta que nadie la sabe, sino los dos marido y mujer, por medio de la cual se ha dado al tejido un nuevo aumento respectivo al modo con que en todo el reino se tejen los ponchos, y por medio de esta nueva invención que contiene se están tejiendo actualmente 2 varas al día."
El telar de Campana fue uno de los ingenios mecánicos más avanzados de la época
Emprendedor. Campana propuso juntar granizo en invierno para venderlo en verano



