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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 15/feb/2018 de La Auténtica Defensa.

El estrés en los niños




El estrés infantil constituye la respuesta (conjunto de reacciones) del organismo a nivel biológico y psicológico frente a ciertas situaciones que el niño no logra controlar y/o comprender, generando un desequilibrio que puede resultar una respuesta adaptativa, o perdurar en el tiempo, y predisponer a la aparición de síntomas o diversas patologías.

Entre los factores estresantes podemos mencionar:

Situaciones ambientales: ruidos estridentes, superposición de estímulos (televisión, radio y gente hablando), escuchar y/o presenciar conflictos, interrupciones abruptas del sueño.

Situaciones familiares: separación de los padres, viajes, mudanzas, maltrato físico y/o psicológico, nacimiento de un hermanito, abuso sexual, pérdida de un ser querido, enfermedad propia o de un familiar, peleas en el hogar, un accidente.

Situaciones escolares: exigencia superior a las posibilidades reales del niño, cambio de escuela, exámenes, maltrato físico y/o psicológico por parte de maestros o compañeros, rendimiento inferior a sus compañeros.

Algunos indicadores de estrés infantil

Generales: Estados de angustia reiterados, tristeza, irritabilidad, aislamiento.

Hasta los 5 años: cólicos reiterados sin explicación clínica, deseos de estar en brazos, pesadillas, temores a la oscuridad o a estar solo, alteración de la alimentación, dificultades en el habla, reaparición de conductas infantiles no correspondientes a la etapa del niño como ser: incontinencias nocturnas o chuparse el dedo.

De 5 a 11 años: conductas agresivas, desafiantes y de provocación hacia pares y adultos, aumento y cambios en las peleas con los hermanos u otros niños, falta de confianza en sí mismo, baja del rendimiento escolar.

Qué pueden hacer los padres?

La actitud positiva de los padres para con los hijos, la paciencia, el cariño, el disfrute, el tiempo de calidad compartido con ellos, la manera de enfrentar y resolver situaciones, la predisposición al diálogo y la aceptación y aprobación de cada hijo tal como es (único y diferente de los demás), serán instrumentos de fundamental importancia a la hora de favorecer el sano desarrollo del niño y su autoestima.

Ante todo, es necesario diferenciar el consentir y sobreproteger, del cuidar y contener. Frente a los miedos, las preocupaciones y las angustias, su hijo debe contar con la confianza y seguridad de que Ud. como figura de apego fundamental, estará allí para protegerlo y escucharlo en los momentos difíciles. Esperar a que "se le pase solo" es enseñarle a ocultar sus emociones y predisponerlo a que las mismas aparezcan luego sin causa aparente. La afectividad de los padres y la demostración de amor hacia sus hijos serán directamente proporcionales a la capacidad de aprender y enfrentar los desafíos de la vida que ellos desarrollen. (...).

Si Ud. detecta que su hijo presenta algunos de estos síntomas y que los mismos no desaparecen ni disminuyen en el tiempo, será recomendable solicitar la orientación de un profesional.

Lic. Soledad Fuster MN 50225

Red de Psicólogos Tu Lugar-Psi


Imagen ilustrativa.

 
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