Empezó el año escolar y con él el ritmo de las ciudades vuelve a modificarse. Las mañanas son más movidas, el tránsito se complica en la puerta de los colegios particulares, dónde las mamitas llevan a los chicos en auto para mostrar el modelo nuevo en lugar de caminar tres cuadras, vemos los guardapolvos blancos aún nuevos de los grupos de amigos que se juntan en las plazas, empiezan los resfríos de los más pequeños en el jardín, que los obligarán a generar los anticuerpos necesarios para enfrentar las hordas asesinas de los virus y bacterias comunes en toda agrupación humana. Se crearán los grupos de whatsapp de los padres de los adolescentes, hechos con la ilusa intención de poder controlarlos y el mundo volverá a girar alrededor de las escuelas y colegios de la ciudad, dándonos la esperanza de estar creando un mundo mejor al que nosotros les dejamos a éstos niños. Las hojas de los árboles empiezan a caer y con ellas el dolor y la desesperanza. Nos obstante, al menos les dejamos un mundo. Lejos de hallar que todo pasado fue mejor y de creer que el futuro será esplendoroso, reivindico a quienes siempre hicimos lo mejor que pudimos.
Deseo de todo corazón que los profesores, maestros, padres de todos los colores, razas y credos, los funcionarios y representantes de todos los partidos políticos se plieguen a la única verdad que puede revertir el cuadro actual de la educación en Argentina: éste país lo hacemos entre todos. Tratemos de lograr consenso y pongamos amor a la receta, mucho amor incondicional.
Fabiana Daversa
www.fabianadaversa.com



