Lectores de este diario, de mi columnita... quizás ustedes se hayan informado ya de que una guerra "está por estallar"; de que muchos personajes internacionales y de mucha importancia están comprometidos; todo el mundo -literalmente- habla de esta guerra; muchas ideologías están repartidas sobre la mesa; la moralidad no tiene un solo significado, sino, que cada uno la significa a su manera de ver las cosas. Muchísimas vidas están en juego; un juego que crearon personas "especializadas" para guiar esos países en cuestión. Si finalmente se desata aquello que ahora es proyecto y amenazas, miles de familias inocentes quedarán destruidas, miles de vidas serán sacrificadas, porque en un juego, la meta es ganar, y acá todos quieren la victoria.
Hagamos las cosas simples, Estados Unidos es potencia mundial desde siempre, desde que se independizó, desde la época de las Revoluciones Industriales, desde las Guerras Mundiales. Es un país que nunca se detuvo, siempre supo lo que quiso, y la mayoría de las veces supo cómo conseguirlo; caminó siempre hacia delante y no le importó pisar a otros países en su recorrido. Comió -y lo sigue haciendo-, territorios enteros, colonizándolos, plantando su bandera estrellada en cada espacio posible -hasta fue el primero en pisar la Luna-. Algunas veces divago y se me ocurre que los "yankis" podrían estar jugando tranquilamente al T.E.G., y veo la tarjeta grande y dice "Conquistar tal y tal país". Y si pensás así, te empieza a recorrer un escalofrío helado por la espalda, y es miedo, porque sabés que lo pueden lograr, sabés que pueden ganar el juego, porque lo están haciendo; ya tienen América Central, ahora quieren Asia Occidental, falta poco para que termine el juego, ya nos ganan...
Todo parece una locura ¿no?. Sí, es todo una paranoia, una bochornosa estupidez. Dejar que un grupo de personas, tengan el cargo que tengan, manipule la vida de la gente como si estuviera jugando a la batalla naval, como si los jóvenes que se alistan en el ejército fueran soldaditos de plástico, como si tirar una bomba en otro país y masacrar a personas desconocidas no importara, porque pronto se olvidarán los cuerpos muertos, todo parece una película de terror.
Cada domingo dejo asentadas mis ideologías, opinando y masticando las situaciones que se manifiestan a mi alrededor; hoy quiero aclarar que no soy "pacifista", pero que me parece irracional una guerra, por más orgullo que haya, por más rencores del pasado, por más venganza, aún me parece estúpido declarar una guerra para ganar territorio -o tierras ricas en petróleo-. En estos momentos es cuando dudo de las personas que dirigen al país, que prometieron y juraron, que cumplen con el deber de cuidar la tierra y a su gente; parece que después de tantos años de civilización y formalidades, le ley "ojo por ojo", sigue vigente. Así que, además de tratar de vivir lo mejor posible día a día, cada pueblo debe vigilarse la espalda, y con cuidado de no poseer nada que tiente al poderoso del momento.
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Soledad Elías Leguizamón



