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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/abr/2018 de La Auténtica Defensa.

Mi vecina, la nieta del Premio Nobel





HOUSSAY, EL PREMIO

"No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando me muera. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo científico actual. Que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y toda la especie humana", dijo Houssay tiempo antes de su muerte, en 1971. Treinta años después, en 2001, fue creado el Premio Bernardo Houssay, distinción otorgada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva a la Investigación Científica y Tecnológica de la República Argentina para homenajear a científicos e investigadores que se destaquen por su trayectoria. Se trata de uno de los premios más importantes otorgados en el ámbito de la ciencia y la ingeniería a nivel local, y está dirigido a investigadores menores de 45 años que desarrollaron la mayor parte de su actividad científica en el país. También se otorga el Premio Houssay Trayectoria, a aquellos mayores de 45 años.

"Más allá del Premio Nobel, su secretaria, quien todavía vive, decía que una de las mayores satisfacciones de Bernardo fue que un discípulo suyo, Federico Leloir, también lo haya ganado", revela la doctora Irina Houssay, ex arquera de hóckey en el CBC, y nieta de Bernardo.

La charla viene a cuento de que el pasado 10 de abril se conmemoró en la Argentina el "Día de la Ciencia y la Técnica", establecido en la fecha de nacimiento de Bernardo Houssay, farmacéutico, médico e investigador argentino quien recibió el Premio Nobel de Medicina en 1947 por su trabajo de la influencia del lóbulo anterior de la hipófisis en la distribución de la glucosa en el cuerpo, de importancia para el desarrollo de la diabetes.

Dentro de su dilatada trayectoria, también promovió activamente la creación del CONICET, concretada en 1958, y fue su primer presidente, ocupando ese puesto hasta su muerte, en 1971. "Cuando él falleció, mi hermana y yo, que somos mellizas, teníamos apenas 4 años. Así que mucho registro de él no tenemos, más allá de alguna escena borroneada por el tiempo. Pero todos mis primos coinciden en que era muy cálido y afectuoso. Recién de grandes se dieron cuenta de que "el abuelo" era una eminencia de estatura global", cuenta Irina, quien junto a su hermana Solange, ha vuelto varias veces a la casona de Viamonte 2790, hoy convertida en museo.

Bernardo Houssay ahí vivió los últimos 45 años de su vida. Además de exhibir los diplomas, medallas e indumentarias de honor con los que fuera reconocido por las universidades e instituciones académicas más prestigiosas del mundo, el lugar conserva la biblioteca y el despacho del Premio Nobel tal como los dejó. Además, tiene un recinto especial para atender a los investigadores que soliciten acceder a su valioso archivo con más de 55.000 documentos, y una sala de conferencias para 50 personas.

HACER PATRIA

"Bernardo era muy metódico, ordenado y comprometido con lo que hacía. Y eso intentaba transmitir a los demás: dicen que hasta se paraba en la puerta del CONICET y pedía explicaciones a quien llegaba tarde. Escribía cartas a toda la comunidad científica internacional relatando sus investigaciones, o gestionando recursos y becas para los investigadores argentinos… todo eso está guardado en el museo. Fui varias veces con mi hermana, y nos quedamos varias horas recorriendo sus manuscritos. Si te interesa el tema, es muy atrapante", comenta Irina.

Si bien Bernardo era un prodigio que, por ejemplo, se recibió de bachiller en el Nacional Buenos Aires a los 13 años y estudió Farmacia mientras esperaba la edad para ser aceptado en la facultad de Medicina, todos coinciden en su familia en que, tal como lo señala aquella máxima sobre los grandes hombres, Bernardo se casó con una gran mujer: la Doctora en Química María Angélica Catán.

"Siempre se dijo en la familia –recuerda su nieta- que si mi abuela no hubiese estado, no se sabe si Bernardo hubiese ganado el Nobel. Ella sabía del tema y lo ayudaba en su metodología. También llevaba adelante la casa. Mi papá la recuerda amorosa, pero también muy exigente a la hora de las calificaciones".

Los tres hijos de Houssay, incluyendo al padre de Irina, estudiaron Medicina y su padre les consiguió becas para perfeccionarse en el exterior. "Mi papá estuvo en la Clínica Mayo de EE.UU., por ejemplo. Pero la condición de mi abuelo era que tenían que volver a la Argentina y seguir formando gente. Esa era una de sus obsesiones: dejar capacidad instalada formando a futuros formadores. Incluso, cuando ganó el Nobel, le llovieron ofertas desde exterior y jamás aceptó ninguna. Y más allá del Premio Nobel, su secretaria, quien todavía vive, decía que una de las mayores satisfacciones de Bernardo fue que un discípulo suyo, Federico Leloir, también lo haya ganado", asegura Irina con una orgullosa sonrisa.

PREVENCIÓN Y PROMOCIÓN

Pocos saben que Bernardo Houssay era también un apasionado por el deporte competitivo. Integró el equipo de fútbol de la facultad de Medicina, y ganó varias medallas en remo representando a la UBA. Incluso compitió en carreras de 800 metros y también integró las filas del equipo de rugby universitario.

Tal vez, esa carga de ADN la llevó a Irina a estudiar Educación Física y, luego de recibida como profesora, recién lanzarse al mundo de la medicina. "Mi hermana Solange ya era médica y me decía: no te metas, te van a volver loca. Y claro, llevar semejante apellido es un orgullo: es el día de hoy que me cruzo con sus discípulos o verdaderas eminencias que han estudiado sus trabajos como parte de su formación. Pero también puede ser una carga, o más bien un desafío extra: como sos una Houssay, en las mesas de examen siempre te exigen un poco más…", explica.

Irina llegó a Campana de la mano del hockey, en los ‘90. Ella atajaba en una de las divisiones del CUBA. "El entrenador vino al Boat y me quiso traer con él. Al principio, no quise saber nada, era muy lejos para mí. Pero decidí probar, y de a poco me fui enamorando del club, de mi equipo, y de la que ahora es mi ciudad: veía a gente tomando mate en la vereda, todo el mundo se conocía, salías en La Auténtica… eras alguien. En Buenos Aires siempre fui alguien, por ser la nieta de. Pero acá en Campana, yo era Irina: la arquera del CBC", cuenta.

Houssay defendió el arco celeste por varias temporadas y junto al equipo logró varios ascensos de categoría: "Cuando llegué, estábamos en la F y llegamos hasta la C" cuenta, y señala sin dudar que, de su generación, la mediocampista y a veces punta Romina Catardi, "era diferente y perfectamente podría haber llegado a más".

Irina dejó el arco del CBC, pero siguió vinculada al deporte de sus amores como entrenadora del equipo por varios años más. Seguía viajando, y ya había comenzado a ejercer la medicina: "Fue hace unos 7 años que me di cuenta que pasaba más tiempo en Campana que en mi casa, que estaba en pleno centro de Capital. Dije basta y me radiqué definitivamente".

Sobre su profesión –es médica clínica- dice: "La investigación, por supuesto, es muy importante y a eso se dedica mi hermana, por ejemplo. Pero creo profundamente que la medicina del futuro pasa también y, fundamentalmente, por la prevención y promoción de la salud, donde incluyo al fomento de la práctica deportiva como estrategia sanitaria. Es decir: más que por curar, el futuro pasa por desarrollar la prevención", comenta.

Desde esa mirada, Irina ejerció 2 años como Directora de Atención Comunitaria de la Municipalidad de Campana, y hoy se desempeña como Jefa de varios Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS). Su vínculo con la ciudad hoy es tal, que incluso fue candidata a concejal por la coalición "Cambiemos" en las últimas elecciones. "Campana es hermosa, tiene mucho futuro por delante, y si me convocan para trabajar y hacerla crecer, ahí estaré", sentencia en el living de su casa de la calle Capilla del Señor.


Irina y el ejemplar de La Nación de 1971 que anuncia el fallecimiento de su abuelo Bernardo.


PREVENCIÓN. “La investigación, por supuesto, es muy importante. Pero creo que la medicina del futuro pasa también y, fundamentalmente, por la prevención y promoción de la salud", dice Irina Houssay.

 
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