Las preguntas acerca de las personas que dependen de drogas es una preocupación constante tanto en los padres cuanto en los que estamos relacionados con la salud , que en estos días se reactualiza
a través del Diego y todas las especulaciones en torno a su internación. El término adicto es sumamente rico cuando no lo vaciamos de sentido, el prefijo a es una partícula privativa y dicto, viene de dicción, palabra es lo que se dice; es decir a-dicto significa: lo que no se puede decir. Cuando aquello de lo que no se puede decir intenta expresarse y por algunas cuestiones, no puede ser ni oído ni dicho, intenta buscar vías alternativas de expresión.
En la antigua Roma, adicto era quien, imposibilitado de pagar una deuda, la saldaba trabajando para su acreedor. Era una singular forma de pago que ponía límite a su libertad. Esta relación entre necesidad, deuda y pérdida de libertad se dan sistemáticamente en el adicto.
En toda adicción concurren fenómenos biológicos, emocionales, relacionales, de carácter individual, familiar y social. La gravedad de una patología puede estar dada por la enfermedad y su pronóstico en sí mismo, más allá del tratamiento posible y de su cumplimiento. Vida y muerte son hechos complementarios de un fenómeno natural.
Pero hay otro tipo de gravedad que compromete la calidad de vida o la vida misma y que se refiere al enfoque posible del tratamiento del problema. El tema no es si hay tratamiento para el paciente, si no, si hay paciente para un tratamiento.
¿Y cuáles son los requerimientos básicos para constituirse en paciente, que no es lo mismo que padecer una enfermedad? Se requiere sufrir de una dolencia, percibirlo, tomar conciencia de la situación, buscar las soluciones, hacer lo necesario para la recuperación y acatar las indicaciones.
¿Tiene el adicto la posibilidad libre de elegir este lugar y así convertirse en paciente? El éxito, la salida, no están dados sólo por la necesidad del tratamiento, sino por la adhesión a éste y su continuidad.
Queda claro que no hablamos de quién es el responsable del problema ni de la forma de tratamiento o a cargo de quién esté ni de legalidad ni de compromiso voluntario o cumplimiento forzado; ni siquiera del planteo ético de si una sociedad decide preservar los derechos individuales para decidir o instituir un tratamiento compulsivo a sus integrantes.
Hablamos de la extraña situación referida a la capacidad que tiene el ser humano para resolver, en ejercicio del preciado bien de su libertad, cómo proteger su propia vida o atentar contra ella y, al mismo tiempo, no tener clara conciencia de ello.
Concebir al adicto como capaz de elegir con libertad, nos pone frente al dilema de pensar con qué alternativa se encuentra para elegir. ¿Acaso la droga adictiva no representa en sí misma una forma de privación de la libertad? Adhesión al tratamiento y recuperación posible son una cosa, curación es otra.
El largo camino de la recuperación se inicia con el primer paso que
significa el reconocimiento íntimo del problema.
Vida o libertad pueden ser las alternativas en una decisión de tratamiento, de ahí que la tarea de decidir sea optar... y desde siempre esa ha sido la cuestión.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
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