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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 25/may/2004 de La Auténtica Defensa.

La Sal del Deporte
(Por El Implacable)




--Saludo--

Buenos Aires (Especial de NA) -- Pálido.

Así quedó el cronista.

Resulta que el ¨Maxi¨ López andaba ¨como un loco¨ después del superclásico.

Salió del vestuario, se olvidó de que todavía estaba en ¨La Bombonera¨, vio a un amigo, se le abalanzó y lo abrazó.

Pero, ese amigo era un cronista deportivo.

Que va seguido a ¨La Bombonera¨.

Y que comenzó a ser insultado por ocasionales testigos del abrazo.

Al final, el cronista se fue por una puerta trasera del

estadio.

Y zafó, cuenta el informante Folklorista.

--Sólo un cambio de palabras--

Días después del superclásico, los cronistas se arremolinaban en torno de Diego Cagna, al cabo de un entrenamiento del plantel.

En la puerta de un vestuario de ¨La Bombonera¨, de donde salía el experimentado mediocampista.

Entre vallas y gente de seguridad que los quería ¨limpiar¨.

En eso apareció el cuevero Rolando Schiavi.

Quien no habla con la prensa y quería pasar.

Trató de hacerse chiquito, no pudo, finalmente pasó pero se atoró porque su bolso, colisionó con el bolsito de uno de los cronistas, a su vez trabado contra la pared.

Tironeó, lo miró al cronista y lo encaró.

-¿No me vas a dejar pasar?, le preguntó.

-No te vi, le contestó el cronista, cuenta otra vez el

informante Folklorista.

-Ustedes los periodistas siempre igual. Usurpando nuestro

lugar. ¡¿Quiénes se creen que son?!, exclamó Schiavi.

-No nos creemos nada, trabajamos igual que vos, le respondió, firme, el cronista.

Schiavi siguió despotricando, negando que trabajaban y afirmando que molestaban al futobolista y el cronista dobló la apuesta.

-Acá todos trabajamos viejo, vos también podrías ocuparte de hacerlo mejor y de marcar bien al Maxi López, le reprochó, recordándole el superclásico.

-¡¿Qué te pasa?!, se enojó enseguida el cuevero.

Y cuando la cosa se iba de madre, Cagna, que terminaba de declarar, intercedió, le dijo a su colega que se fuera y calmó al cronista, que se fue cantando bajito y un tanto asustado del berenjenal en que se había metido y del rival que se había ganado.

--Blues de los deportes de aventura--

Todos hablan de lo lindo de los deportes de aventura.

Destacan la posibilidad de entrar en contacto con la

naturaleza.

O la no competitividad extrema, ya que muchos acuden a esas convocatorias con el fin de encontrarse y pasar un momento juntos.

Y la solidaridad, debido a que muchas veces, unos con otros se ayudan... Y se olvidan de que son rivales.

Pero algunas historias no son tan hermosas.

Por ejemplo, un caso.

No son carreras individuales.

Se corre en parejas y hasta en trinomios.

Entonces, lo que más se escucha es lo siguiente: ¨Mi compañero se quedó, mi compañero se cansó¨.

Casi siempre, la culpa la tiene el otro.

Pero lo peor, es que a veces hay agarradas bastante serias.

-- Y hablando de ¨agarradas¨ --

Hay ¨agarradas¨ o ¨entreveros¨ célebres.

En una carrera de aventura hubo una.

El director general de un club de corredores descalificó a un equipo, acusándolo de que había cortado camino.

De la ciudad de las diagonales, para más datos.

Un equipo bueno.

Que había ganado otras carreras del circuito.

Y alguien contó, en un foro de corredores, bajo el título de ¨fair play¨ que un enojado integrante del equipo lo cabeceó

al director descalificador.

Después, el muchacho explicó que no habían cortado camino como se los acusaba y que sorprendidos se encontraron con que premiaban al segundo equipo, como primero y al tercero como segundo.

A ellos, minga...

Y conociendo cómo salen a veces algunas producciones del susodicho club... No extraña la queja del muchacho.

Lo que no se puede justificar es la violencia.

Ahora bien, una cosa trae la otra porque todo tiene que ver con todo.

En el mismo foro de corredores, el que develó el secreto del cabezazo recordó otra historia mínima de violencia deportiva, entre atletas fondistas.

Y se le escaparon los deditos, juguetones sobre el teclado.

¨Me acuerdo cuando Oscar Cortínez le metió una ñapi a José Luis Luna¨, escribió.

Epa ...


 
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