"La música da alma al Universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza, vida y alegría a todas las cosas." -Platón
Cuando escuchamos música nos sentimos animados, pues ella nos despierta el espíritu, la oración, la comprensión y el amor.
Nuestros sentimientos fluyen de tal manera que cuando la oímos nos encontramos inmersos en un arrobamiento e infinita devoción, sobre todo cuando se trata de las sinfonías deliciosas de un Warner, de un Mozart, de un Chopin...,etc.
La música de Beethoven, resulta extraordinaria pues nos hace vibrar intensamente llegando a nuestro centro emocional porque lo que escuchamos, no es una música de forma sino de ideas arquetípicas inefables; cada nota tiene su significado, cada silencio una emoción superior.
Es que estos compositores desarrollaron su intuición de tal forma que accedieron a esa región dónde moran Tláloc, Huehueteotl..., etc.
"La Flauta Encantada" de Mozart nos recuerda una iniciación egipcia. "Las Nueve Sinfonías" de Beethoven y muchas otras grandes composiciones clásicas nos elevan a mundos superiores dónde prima la música, el sonido.
Ahí se encuentra el Templo de la Música de las Esferas. Las nociones elementales de la Música, porque es el Verbo. En esa región se oye la Música de las Esferas que se basa en los Tres Compases del Mahavah y del Chovatan que mantienen al Universo y su marcha perfecta ; no puede haber error en esa música.
Músicos que la escucharon: Beethoven. Liszt. Schubert. Haydn. Mozart. Tchaikosky. Strauss. Handel..., etc.
Los sonidos increíbles de esa música que arrebata el alma, es música celestial, pues son notas que han traspasado toda frontera del futuro. Es música sin tiempo.



