Una ráfaga de tres goles en 11 minutos del conjunto galo sepultó las ilusiones de la Selección Nacional. El 4-3 final no refleja la diferencia que el partido mostró entre un equipo y otro.
Un sublime remate de Benajmin Pavard y dos puñales de Kylian Mbappé sepultaron en once minutos todas las ilusiones argentinas. Las renacidas después de la agónica victoria frente a Nigeria, que le dio la clasificación a estos Octavos de Final a la Selección Nacional, y también las que se sumaron tras esa carambola de Gabriel Mercado que derivó en el 2-1 a favor en el comienzo del segundo tiempo.
Sí: Francia mostró, cuando apretó el acelerador, que es un equipo superior al combinado que dirige Jorge Sampaoli. Esta vez, la garra, el corazón y la épica no alcanzaron. La disciplina táctica y la velocidad de los franceses fueron demasiado para un equipo que solo supo defenderse con la tenencia del balón en mitad de cancha. Después, cuando atacaron, los galos lastimaron. Y mucho.
El 4-3 final esconde esas diferencias que se vieron claramente. El joven Mbappé (19) fue una pesadilla para los defensores argentinos: en el arranque ya generó un tiro libre que Griezmann estrelló en el travesaño y a los 12, provocó el penal que el delantero del Atlético de Madrid convirtió en el 1-0.
Argentina, sin un centrodelantero clásico, con Pavón y Di María abiertos por los costados, lució perdida en las dificultades que muestra cada vez que Lionel Messi no logra convertirse en el jugador desequilibrante que es. Con el rosarino atrapado en el bloque defensivo francés, escasas fueron las opciones para entusiasmarse.
De hecho, de no ser por el zapatazo que Di María clavó sobre el final de la primera parte, el ingreso de Agüero o Higuaín era una fija para el complemento. Pero Sampaoli sostuvo su idea y, encima, a los 2 minutos del ST se encontró con un desvío de Mercado a remate de Messi que adelantó 2-1 a Argentina.
Fue entonces cuando Francia se decidió a atacar en bloque y desnudó las falencias defensivas de la Selección. Jugar bien también es saberse defender. Y esa no es virtud de esta Argentina. El lateral Lucas Hernández aprovechó que Pavón no siente la marca y que tanto Mercado como Enzo Pérez se cerraban para sacar dos centros que dieron vuelta el juego.
A los 11, el envío sobró a todos y por el otro costado apareció Pavard para cruzar un remate inatajable para Armani. Y a los 18, el fondo argentino (ya con Fazio por Rojo) no supo despejar el centro y eso fue aprovechado por Mbappe, quien se acomodó y sometió a un Armani que pudo haber hecho algo más con ese remate.
Así de rápido se le fue la ventaja a Argentina. Encima, a los 22, intentó presionar alto la salida francesa y se encontró con cinco toques consecutivos en velocidad que desarmaron cruelmente ese intento, dejando a Mbappe de cara al 4-2 (precisa definición cruzada del joven de 19 años).
Ingresó Agüero y también Meza, pero el partido estaba sentenciado. El descuento del Kun de cabeza (gran asistencia de Messi) en tiempo adicionado sirvió de poco, aunque Argentina tuvo un último avance que pudo convertirse en otro milagro, como aquel de Marcos Rojo frente a Nigeria. Sin embargo, Di María no logró desviar correctamente el envío de Meza. Habría sido un premio demasiado grande para una Selección Nacional cuyo destino en este Mundial tiene grandes dosis de falencias futbolísticas (individuales y colectivas), pero también mucha injerencia de las desavenencias que la organización del fútbol argentino y la Selección vienen acumulando en los últimos años.
MESSI NO PUDO INFLUIR EN EL DESARROLLO DEL JUEGO. FRANCIA FUE SUPERIOR TÁCTICA E INDIVIDUALMENTE.



