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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 26/ago/2018 de La Auténtica Defensa.

Siempre es hoy
Por Santiago Tomás Mengual





FICHA CAPECE

Disco y EP: "Urgente" (2014); "Palabras entre los dientes" (2018).

Los dos se encuentran en YouTube, el último EP también en Spotify.

Recomienda: "Lo último que escuche y me conmovió fue "Perras on te Beach". Me gustó su actitud de ser "wachos" pero estar re despiertos, algo que hoy es muy común".

Está escuchando: "Wes Mongomery, un violero de jazz que es como el padre de las octavas".

Santiago Capece, abogado recibido, decidió que no valía la pena dejar morir su sueño y se lanzó a una carrera paralela en la música. La espiritualidad, la actualidad política y la canción como vehículo de un mensaje.

Estamos en el campito de Siderca, frente a la escuela Dante Alighieri. El cielo está azul, tenemos mate y galletitas para picar. Santiago Capece (26) logró hacerse un hueco del trabajo y festeja que es la primea vez en mucho tiempo que disfruta de estar al aire libre charlando. El sol nos pega en la cara, pero como es invierno, es más que bienvenido.

Largarse

"La abogacía me gusta pero flasheo con la música", confieza. Tiene suerte, sobran los casos que eligieron una carrera por ser una salida económica "segura" y al ejercerla poco más que la detestan. Una cosa es cierta, es imposible escaparle al deseo.Cuando terminó el secundario y llegó la hora de decidir sobre su futuro se metió en la cabeza que no podía leer cifrado música, imprescindible a la hora de estudiarla y que por eso no estaba apto: "una estupidez porque no hay un impedimento físico, se aprende", reflexiona. No se arrepiente de la abogacía, le permite sustentabilidad económica y poder reinvertir en la música: "Hay un montón de guita atrás de grabar un disco o hacer una fecha, todo sale un mango".

Comenzó a largarse a tocar en el 2009 por la senda del canta autor, donde Cristian "Ratola" Gigena ya ejercía como referente en la ciudad. Fue con él y con otros solistas con quienes comenzaron a rodar "Noche de Solistas", un proyecto en conjunto que muchas veces terminó desenvolviéndose en formato banda logrando convocar a no menos de 250 personas en las fechas en el teatro Pedro Barbero: "Empecé a estudiar después de las primeras "Noches de Solistas" cuando me di cuenta que todos habían crecido musicalmente y yo seguía medio chato". La elección se tornó seria cuando decidió comenzar a cursar en un terciario viajando semanalmente a Capital Federal: "Cuando estaba terminando abogacía me dije que no quería quedarme con el que pasaba si, quería estudiar música igual". Hoy ya es otra su realidad y puede hablar sobre lo recorrido: "Cuando empezás a estudiar el instrumento, el instrumento te domina, todo el tiempo te cierra la puerta hasta que superas esa dificultad y te haces camino en el estudio. Me siento más dueño que antes pero todavía me falta". A partir del estudio, ahora siente que respeta más sus canciones. Tal vez una cualidad no buscada que da el instruirse es la confianza.

Los autores podrían dividirse en quienes escriben letras con sentido y quienes sólo persiguen una meta estética o prefieren dejar que el mismo oyente interprete libremente. En esa línea, Santiago tiene una postura firme: "no me gusta escribir por escribir, me gusta hablar de algo en la canción. Me pasa que muchas veces me contradigo, pero es lo que pensaba en ese momento. Si no, no creces". Es entonces cuando la inspiración puede surgir de diferentes fuentes: "Escribo de lo que me pasa, de lo que leo. Me da mucha data la ficción o la filosofía. Tengo una canción del disco anterior, "Profecía" que está basada en un cuento de Ray Bradbury. Me reconozco oscuro a la hora de escribir, me percibo más para el lado del anti héroe. Me cuesta escribir desde el lado de la felicidad. Muchos dicen que cuando estas feliz no compones" y explica: "suena más real cuando esta triste, más creíble. De alguna manera cuando lo cantas vas a ese lugar y después arriba del escenario suena conmovedor. Me cuesta rescatar de la felicidad aquello que me permite componer. Me encantaría hacerle una canción a mis amigos sin caer en el cliché". Aunque en el conservatorio ven diferentes estilos y Santiago se deja llevar por la curiosidad a la hora de escuchar música, sigue eligiendo el formato canción para encarar su arte: "lo que me gusta de la canción es que es abordable para todo el mundo. Un vehículo popular que si encima le pones un mensaje es un vehículo de ideas. Mi objetivo es lograr algo bello".

Tal vez el precio a pagar, los artistas suelen ubicarse en la parte sensible de mundo y hacer carne emociones que muchas veces son escondidas en la vida cotidiana. A los autores que hablan y describen el sufrimiento propio y humano se los tilda de profundos dejándole a la felicidad y la alegría el ordinario lugar del contrario: "Rozas al predicador cuando hablas del amor y la felicidad. Siempre me hizo flashar "The Word" de los Beatles del disco "Ruber Soul". El hecho de que se llame "La Palabra" es medio religioso pero si vas a trasmitir eso, es también ese el mensaje. Lo que yo no comparto es la religiosidad pero si la espiritualidad. La religión es como la espiritualidad sumada a un dogma pero la espiritualidad existe. Hay un montón de cosas que nos pasan y que no tienen una explicación lógica. Podés intentar explicarlo con el psicoanálisis pero de alguna manera volvés a caer ahí". No por casualidad Santiago trae a colación lo que le pasa con la música: "Cuando escucho música un escalofrío me atraviesa el cuerpo y me cambia el estado de ánimo". En ese sentido, el canta autor afirma: "La espiritualidad me escapa pero creo que hay algo así. Hubo gente que intentó explicarlo a través de las religiones y después hubo gente que lucró con eso, que es la parte más fea. Ahora se empieza a hablar de la separación del Estado y la Iglesia, que esperemos que se dé", y reflexiona: "Todo esto lo digo con 22 años de formación escolar religiosa".

Desarrollar la empatía

Aunque todavía transita sus veinte, Santiago habla con una tranquilidad y sensatez que cualquiera confundiría con la experiencia. "El abogado nunca vive cosas felices, siempre estas con el quilombo de los demás. Donde yo laburo son causas de menores acusados de cometer un delito. Nosotros somos los encargados de defenderlos. Con este trabajo cambié la cabeza. No justifico el accionar de alguien pero lo entiendo al ver la realidad en la que viven", y cita el abandono, la mala junta y la falta de educación. "La mentira de la igualdad de oportunidades ya no me la creo. Ahora veo que falta un montón de educación. Está demostrado que el hecho de estar preso no te hace salir mejor. Lo único que te hace no reincidir es estudiar ahí adentro. Hay que ayudar con educación pero no meter preso a los menores. Es educar, no encerrar", sentencia.

No tiene problemas en meterse en política y dar su visión de la actualidad: "desde el día 0 no comulgué nunca con el macrismo. Se le ven los hilos por todos lados, hay muchas chanchadas financieras y juegan mucho con la polarización. Hay un sector de la clase media bastante alienado, que ve los cortes de calle y se enoja con el corte de calle o que se enoja con el anterior gobierno porque robó y que piensa que el macrismo viene a gobernar para "la gente de bien" sin ver que el laburante pierde" y confiesa un sentimiento que se esconde en la cabeza de todos: "sufro una dicotomía, tengo ganas de irme del país pero siento que eso es cobardía y también ganas de hacer algo para cambiar las cosas. Tengo miedo de que vuelva a ganar este gobierno. Ya pasó en nuestra historia, Menem ganó dos veces. Tienen como lema que van a llover inversiones. Cuando un privado extranjero te maneja la economía, el que gobierna no sos vos, es el privado. Es como gritar que vengan a quitarnos soberanía. Y por supuesto todavía no vino nadie", reflexiona.


“Hay que ayudar con educación pero no meter preso a los menores. Es educar, no encerrar", reflexiona sobre su trabajo como abogado.

 
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