Agustina Franco, presidenta del centro de estudiantes de la escuela técnica Nº1 Luciano Reyes de Campana, no se resigna y elige luchar. Plagas de hormigas, ratas y cuises, inviernos helados y veranos infernales son algunas de las variables que denuncia sobre el día a día escolar. "En verano hace tanto calor que los chicos terminan rompiendo los vidrios porque el clima es sofocante", dice.
Llegó tarde al café: viene de otra reunión escolar. Los últimos días de Agustina Franco (16) fueron así, entre reuniones de último momento, marchas y asambleas. Es presidenta del centro de estudiantes de la Escuela de Educación Técnica Nro. 1 Luciano Reyes y, poco a poco, está despertando junto a sus compañeros a la lucha estudiantil en Campana.
Aunque se cuentan con los dedos una la mano los centros de estudiantes secundarios de la ciudad, Agustina se moviliza junto a los alumnos de la UNLU, la UTN o el Instituto 15. Los separa la edad pero tiene con ellos un adversario en común: el ajuste que está aplicando la gestión de "Cambiemos" gobierno a la educación pública en todos sus niveles.
"El inspector insistió en llamarle reforma institucional, pero está claro que es un ajuste. Se eliminan en toda la carrera 1500 horas. Supuestamente hay una gran tasa de deserción, lo cual no es cierto. Ellos dicen que de cada 100 chicos que ingresan sólo se reciben 30 y es erróneo. De cada 150 se egresan 100 y los que se van es porque la escuela técnica no es lo suyo", asegura y se lamenta de que materias claves como historia o literatura serían recortadas.
"Una de las estudiantes de segundo año, o sea de 14 años, que pudo estar en la reunión con el inspector (quien en principio no tenía pensado hablar con el alumnado) lo interpeló y desnudó las intenciones del proyecto: "usted lo que plantea es que de cada 100, 30 son los que se egresan. Entonces lo que usted está planteando con el nuevo plan es que se egresen 60 con la mitad de los conocimientos". Baja de calidad en pos de una supuesta mayor cantidad. Pareciese que los únicos sensatos somos los chicos. La única solución para el gobierno es el ajuste".
No sólo se recortaran horas de materias como historia y literatura, que aunque no son propias de la especialidad de la escuela técnica, son clave para la formación de la ciudadanía. También se recortaran horas de los talleres, donde los estudiantes aprenden conocimientos específicos como soldadura, electricidad o carpintería: "Salimos con un título técnico que te da un montón de posibilidades. El tema es que nadie te asegura que con este recorte el título tenga la misma validez", reflexiona. No es el primer ataque a la educación, en post de bajar los costos muchos cursos se juntaron haciendo que algunos salones queden con 40 o 50 chicos.
Hay un grupo de profesores que los apoya pero los directivos, aunque dicen estar de su lado, no permitieron que hagan asamblea. Las condiciones de la escuela Técnica son, como mínimo, indignas: "en el laboratorio hay escapes de gas. Andan sólo tres calefactores en toda la escuela y tratan de no usarlos por miedo a una pérdida", y muestra la tragedia potencial que se esconde en el día a día. "Hace más frío adentro que afuera, pedazos de cartón puestos por los profesores tapan los vidrios rotos", y explica: "En primavera arreglan los vidrios porque es más barato pero solamente los pegan, no arreglan la abertura para poder abrirlos y cerrarlos. En verano hace tanto calor que los chicos terminan rompiendo los vidrios porque el clima es sofocante".
En la Técnica cursan alrededor de 1300 chicos quienes como mínimo tienen que almorzar una vez por semana en la escuela o en sus inmediaciones. La infraestructura no está preparada para esto, no hay un comedor con precios accesibles ni mesas para que puedan sentarse: "En el almuerzo obligado los chicos comen en el piso. Muchos se quedan sin comer porque no llegan con la plata. La cooperadora, un grupo de padres que ayudan a quienes lo necesitan, se hicieron cargo de 24 viandas pero eso no cubre ni la mitad de las necesidades. La crítica no es para la cooperadora, a quienes les agradecemos enormemente, si no para el Estado", denuncia la estudiante.
No son las únicas fallas de infraestructura, cuando llueve de forma continuada el acceso y salida al edificio se bloquean y los chicos tienen que esperar horas hasta que el municipio desagote. Además muchas veces salta la luz y toda la escuela se queda a oscuras, lo que a la noche significa que las clases se suspenden. Tal vez lo más triste pasa con el agua potable. Hace 10 años que no se higieniza el tanque por lo que el agua de la escuela no pasa ningún test de sanidad. Hay un quiosco, pero quienes no llegan con la plata a comprarse la botella, se ven obligados a tomar de todas formas del agua de la escuela.
Si faltara más, los estudiantes conviven con las plagas que abundan en la institución. Hay arañas hormigas y ratas, pero la rareza la dan los cuises, los cuales cruzan e ingresan desde la empresa instalada frente a la escuela. Todas las alimañas parecen estar en armonía entre los fierros oxidados de los depósitos y los baños clausurados por mal estado.
Agustina tiene atada a su mochila un pañuelo verde y se jacta de que en su salón son más las mujeres que los varones. Un hecho que hace años hubiese sido imposible en la técnica, caracterizada por ser propia de los varones y que seguramente se relacione con el empoderamiento que fomenta el movimiento feminista. La presidenta del centro no se queda sólo con las fallas edilicias y contra el ajuste, exige mejoras en la calidad educativa: "nos falta mucho contenido de matemática". Hay una falla estructural en el sistema, el ministerio baja un plan que en la práctica se vuelve impracticable. Vacíos que quedan en los primeros años por clases sin profesores hacen que en el nivel superior sólo se pueda dar lo básico. "Muchas veces los directivos no se mueven para suplir esas faltas", cuenta y denuncia: "Hay veces que a falta de materiales los chicos tienen que poner plata. Siempre faltaron pero últimamente falta un poco más. Ahora no hay ni siquiera fierros para soldar".
Agustina tiene miedo de volver sola de noche, nunca lo hace sin compañía. El camino está completamente a oscuras y los estudiantes están echados a su suerte. Hace poco, frente a su casa que queda a dos cuadras de la escuela, le robaron y le pegaron a un compañero. No le tocó a ella por sólo 10 minutos de diferencia.
“El inspector insistió en llamarle reforma institucional, pero está claro que es un ajuste. Se eliminan en toda la carrera 1500 horas", denuncia Agustina con el borrador en la mano.



