¿Por qué engordamos en invierno?
La gente engorda más en invierno. Es un hecho real y bien documentado que en el invierno nos ponemos unos kilos demás. Esto no parece ser un problema hasta que llegan los días más cálidos y empezamos a andar más ligeros de ropa. Entonces todo queda en evidencia, transformándose en un problema que es inicialmente estético, pero que con el correr de los años deriva en un problema de salud, ya que las enfermedades de origen alimentario representan el 80% del total y tienen a la obesidad como principal puerta de entrada.
¿Por qué comemos más cuando empieza el frío?
Cuando empiezan los días fríos, cambiamos rotundamente nuestra alimentación, incorporando comidas que no solemos comer el resto del año. Tenemos la creencia de que para hacer frente al frío necesitamos comer comidas "más nutritivas", "más calóricas" y "calientes". Además, estas recomendaciones las hemos escuchado desde niños, ya que en gran medida son parte de las historias alimentarias familiares, y muchas de ellas incluso han pasado a conformar el acervo cultural de nuestras tradiciones. Abuelos que cargan en sus espaldas historias de haber pasado hambre y frío, probablemente, además, en el marco de una guerra. O padres, sobreprotectores, a los que ese pasado de sufrimientos le fue legado y suponen que ejercen mejor sus funciones si le dan a sus hijos "más comida para paliar el frío", haciendo caso al viejo refrán: "más vale que sobre y no que falte".
Pero más grave que estas erróneas recomendaciones familiares son la que dan los propios Médicos y Nutricionistas, a contramano de lo que nos enseña la biología alimentaria. Los siguientes dichos corresponden a un profesional en una entrevista reciente y en un reconocido multimedio:
"Durante la época más fría del año, nuestro cuerpo debe acostumbrarse a las bajas temperaturas y la menor exposición al sol. Por eso, es importante una alimentación adecuada que aporte las calorías y nutrientes necesarios para aumentar las defensas y fortalecer el sistema inmunológico.
Las dietas veraniegas resultan demasiado ligeras para que nuestro organismo soporte el clima actual, debiendo consumir alimentos con alto contenido calórico que permitan acumular energía para mantener el calor corporal".
Como consecuencia, a causa de esta suma de recomendaciones familiares y profesionales, cuando empiezan los fríos arranca una nueva época en la cocina: guisos, pastas, más hidratos de carbono de todo tipo, legumbres, postres, etc. Platos exquisitos, pero que solo duran unos meses y luego desaparecen el resto del año, hasta el aviso de alguna nueva helada o fresca.
Pero, ¿Cómo funciona nuestra biología en invierno?
Contrariamente a lo que parecen suponer médicos y nutricionistas, nuestra biología alimentaria está preparada para necesitar menos alimentos en invierno, no más. Y es lo razonable, ya que el 98% de las especies animales viven en zonas del planeta donde hay fenómenos estacionales. Dos estaciones en las zonas tropicales y cuatro en las zonas templadas. Este fenómeno ha hecho que evolucionemos en entornos o ecosistemas en los cuales, en algún momento del año, escasean los alimentos. O, directamente, no hay.
Frente a esta realidad de la vida, todas las especies (incluyendo al ser humano), evolucionaron durante millones de años para desarrollar mecanismos de regulación y equilibrio que permitan manejar estos cambios y adversidades. Es decir, que permitan la sobrevida en contextos de poco o nada de alimento. No podría haber sido de otro modo, caso contrario, estaríamos todos extinguidos. Para ello, la naturaleza nos dotó de mecanismos de regulación: algunos de corto plazo, otros para equilibrar fenómenos que afectan al mediano plazo y, finalmente, mecanismos de regulación que permiten la sobrevida ante situaciones que puedan alterar la biología normal en el largo plazo.
Esto estamos preparados para comer menos en invierno porque es la época en la que menor oferta de alimentos hay en la naturaleza. Es un hecho adaptativo de la vida a las condiciones de estrés. (Reitero que lo mismo les pasa a todos los animales: la situación de escasez de alimentos hace que se activen los mecanismos de regulación que nos permiten sobrevivir con menos alimento). Este mecanismo permite que, aún comiendo menos alimentos, en invierno no perdamos peso o lo hagamos mínimamente.
Entonces, ¿hacemos todo al revés?
Absolutamente. Comemos más en invierno cuando deberíamos comer igual o menos. Y si a eso le sumamos que a causa del frío muchos dejan de hacer deporte o evitan caminar, el problema se agrava. En definitiva, por no escuchar a la naturaleza, generamos problemas de sobrepeso que muchos recién notan una vez que llega la primavera, cuando los mecanismos biológicos vuelven a cambiar.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



