Como corolario de sus conferencias de 1939 en nuestro país, José Ortega y Gasset publicó "Meditación del pueblo joven", en el que pueden leerse los párrafos más célebres del pensador español acerca de nuestro país, ese país que lo había cautivado, tal vez por lo inescrutable de su misterio.
"¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".
No puedo decir si la experiencia en el Concejo Deliberante de Campana es una replica de lo que sucede en otras ciudades u otros niveles de Poder Legislativo en Argentina. Tampoco puedo atribuirme ser el dueño de la verdad, porque tampoco lo creo. Pero desde la humildad, debo ejercer mi libertad de pensamiento. De opinar. Muchas veces, no lo hago por respecto a la institución que me toca representar. Eso no quiere decir que convalide lo que no discuto. Simplemente, es una módica contribución para evitar la propagación de acciones y conductas que nos desprestigian a todos.
Entre ellas, la deformación de la verdad, la falta de respeto, la mezquindad, el uso de la política para la defensa de intereses personales, o la utilización de una banca como un objeto de diversión o bien de familia, entre otros.
Ejemplos sobran. Desde las propuestas mentirosas que procuran sumar un "me gusta" pero sabiendo nada cambiará con ellas; pasando por los ataques personales al otro para satisfacer problemas irresueltos con uno mismo o para disfrazar la defensa de un interés mezquino; hasta retacear la oportunidad de lograr consensos más amplios buscando imponer proyectos a todo o nada.
Creo que la verdad, el respeto, la generosidad, la defensa del interés general, o la honra de la responsabilidad para la cual fuimos elegidos, deben ser el faro que oriente nuestra conducta en la esfera de la representación política.
Desde esta visión, estoy convencido de que si no cambiamos los criterios que priman para decidir las cosas vamos a seguir siendo la eterna promesa incumplida. No se trata de pensar igual. Tampoco de eliminar la competencia política. No se trata tampoco de ser amigos. Se trata de priorizar el interés general por sobre el personal o de grupo, en un marco de escucha y buena voluntad. Se trata de respetar al otro y respetarnos. De actuar profesionalmente, a la altura de lo que nos exige el deber.
Se trata, al final del día, de ser mejores personas y después mejores representantes. De tener lo que nuestros abuelos llamaban el "don de gentes".
Sergio Roses. Foto: YouTube.



