Retomando los conceptos que venimos trabajando, vuelvo a remarcar que hablamos de Alimentación Inteligente como un modelo de abordaje de la alimentación que está en absoluta oposición a las perspectivas medicalizantes de las teorías de la nutrición.
En la Alimentación Inteligente NO HABLAMOS DE PACIENTES y tenemos como marco de referencia teórico a la Biología Alimentaria y a la Medicina Comparada. Es decir, nos basamos en la comprensión de la fisiología normal, tal como sucede en la naturaleza y en buscar el modo en que esos procesos de la naturaleza puedan transformarse en verdaderos hábitos de la vida alimentaria de las personas. No entendemos a la alimentación como un hecho médico ya que creemos que ese es un mal enfoque.
Por otra parte, en la Alimentación Inteligente NADA puede pensarse en términos de corto plazo, ni mucho menos desconociendo o negando los ciclos biológicos celulares, tisulares, hormonales, de órganos, aparatos y sistemas, de los ciclos específicos y de aquellos de los ecosistemas que habitamos. E incluso más, procuramos integrar la comprensión de los ciclos que ocurren más allá de nuestra atmósfera.
¿Cuáles son los 3 pasos básicos para desarrollar la Alimentación inteligente?
1) Desarrollar el autoconocimiento alimentario:
El punto de partida para desarrollar la Alimentación Inteligente es entender que "comemos lo que somos". Si bien suele decirse que "somos lo que comemos" (y está bien, ya que lo que comemos es lo que en definitiva determina la calidad de nuestra vida, nuestra salud y de qué enfermaremos y cuándo). Pero para llegar a las elecciones y selecciones que determinan qué es lo que comemos, hay mucho camino por recorrer que suele ser pasado por alto por las perspectivas de la nutrición convencional. Veamos.
Antes de "ser lo que comemos" hay definiciones de orden antropológico que hacen que algunas personas coman determinados alimentos y otras personas, coman otros. Las familias ampliadas, lo que llamamos normalmente "clanes" son la "unidad antropológica alimentaria" básica sobre la que evolucionó nuestra especie. Entonces resulta fundamental conocer con detalle el modo en que esa genealogía alimentaria se fue conformando y dando vida al modo de aprovisionamiento, cocina y organización de las comidas. ¿Nunca te preguntaste por qué no te gusta tal comida? ¿O por qué hay comidas típicas tu familia que no existen en otras? Seguramente la respuesta está en algún episodio de la historia familiar, puesto que la explicación no se encuentra en la biología.
2) Desarrollar las capacidades de eco-disponibilidad:
Suena raro el nombre, pero la idea es bien simple. Implica saber qué comprar, cómo comprar y dónde comprar, para aprovechar las ventajas que nos ofrece la oferta alimentaria del lugar en el que vivimos y fundamentalmente la estacionalidad de la misma.
Para adelgazar, mantener el peso y hacer que la alimentación sea una fuente de salud es preciso cocinar. Y para cocinar hay que saber comprar. Y para saber comprar hay que conocer dónde conviene hacerlo. ¿Suena básico y elemental? Pues sí, lo es. Pero NO HAY FORMA DE ALCANZAR OBJETIVOS DE MEJOR ALIMENTACIÓN QUE NO SEA RECUPERANDO LA INTELIGENCIA ALIMENTARIA QUE HEMOS PERDIDO. La tercerización de ese saber en profesionales que te dicen qué comer es un camino al fracaso. Por otra parte, basta con hacer una simple consulta o encuesta para darnos cuenta que la mayoría de los profesionales ni siquiera sabe sobre cuestiones elementales de alimentación: estacionalidad, acerca de los ciclos de los productos, los meses en que un animal se desteta, cuando paren, cómo se faena, cuando son las cosechas, qué medicamentos o agroquímicos se usan en cada producción, etc.. En fin, no saben como se producen los alimentos que consumimos a diario. Es decir, repiten como loros que "somos lo que comemos" pero no tienen la menor idea de los procesos por los cuales se obtienen las materias primas que luego se transformarán en los alimentos que llegan a nuestra mesa. Raro.
3) Sensorialidad Alimentaria (sentidos en acción):
Escucho a diario comentarios de personas que dicen cosas por el estilo: "no me gustan los brócolis", "me da asco la cebolla", "a mi hijo no le gusta el agua", "ella solo come bananas", etc. Podría seguir con ejemplos, porque tristemente los ejemplos abundan. Tanto abundan que hoy sabemos que el 90% de los niño/as NO COMEN FRUTAS NI VERDURAS. (Este tema lo abordaremos otro día con detalle).
Ahora: ¿Puede una persona decir que no le gusta el agua, o que no come otra verdura que no sea rúcula; o que si no es banana, nada? Más allá de madres, padres y profesionales que muchas veces justifican todo, debemos decir que NO ES NORMAL. No es normal el rechazo a alimentos naturales por el simple hecho de que estamos biológicamente diseñados para alimentarnos de ellos. Entonces, la única explicación que cabe es alguna relacionada con algún problema en el árbol genealógico, lo que citamos en el punto 1.
Es por esto que en este tercer punto de la Alimentación Inteligente lo que realizamos es la rehabilitación de los sentidos (a partir de la experimentación) para que estos sean una fuente de nuevas experiencias que amplíen la frontera de nuestros gustos y consumos, recordando siempre que si algo caracteriza la buena alimentación humana es la DIVERSIDAD.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



