Un empleado conversaba con otro en el trabajo. "Yo quedo maravillado cuando veo aquellos castillos en la televisión".
-¿Te gustaría vivir en un castillo?", dijo él. El otro, que oía con atención, dijo: "Cualquier casa es un castillo, siempre que en ella haya un rey".
Lo que diferencia nuestra casa de un verdadero castillo es la persona que la comanda. Al dejar que Dios -- Rey de todos los reyes -- sea el Señor de nuestra casa, por más que sea simple, será un verdadero castillo, bonito, iluminado, adornado de bellas y ricas bendiciones celestiales.
¿Qué torna una vida próspera y feliz, la casa donde se vive o la presencia del Señor en el corazón? ¿De qué adelantaría vivir en un palacio grande y rico si no tuviésemos la riqueza de la presencia de Dios adentro de él? ¿De qué adelantaría tener todo y no tener a Jesús? En verdad, no tendríamos nada.
Bueno es vivir en el castillo del Rey, descansar en los brazos del Rey, caminar seguro en las manos del Rey, dormir con el Rey guardando nuestro sueño. Eso es riqueza... ¡Eso es felicidad!.
¿Anhela tener un castillo para vivir? Invite al Rey Jesús para estar en su corazón; y así su casa será un castillo de bendiciones.
Claudio Valerio. Foto: Archivo.



