El Perro Gómez dio dos golpecitos al sobre de azúcar y me preguntó: "Gringo… ¿Te acordás de Top Gun, cuando los pibes se ponen cabina con cabina con un MIG ruso y le sacan una Polaroid?".
El Perro me explicó que esa película de Tom Cruise es bastante más que una espectacular propaganda paga por la Fuerza Aérea de EE. UU., sino que además, entre otras cuestiones, habla de cómo la "Guerra Fría" perdura en mayor o menor medida hasta nuestros días, con escaramuzas militares e incluso bajas (muertos) que no quedan registradas en ningún lado ni reciben los honores correspondientes más allá del ascenso postmortem.
Ese fue el prólogo del Perro, para decirme que al ARA San Juan nadie lo iba a encontrar, porque nadie quería encontrarlo. De encontrarse el submarino (de diseño alemán, dicho sea de paso) la Argentina tendría que blanquear que navegaba en aguas que Inglaterra se atribuye como propias a través de las Facklands. Y los propios ingleses, a su vez, deberían admitir que cuentan con la impunidad suficiente para detonar un submarino extranjero (ni siquiera enemigo) y bajar a 44 tripulantes sin ningún tipo de cargo de conciencia.
"Nada que no se sepa, amigo. Salió muy cara la lección. Pero por lo menos salieron a la luz otros trapitos, incluyendo la caja de los altos mandos que se quedan con los vueltos y sacan a laburar a la gente con fierros viejos y mal mantenidos. Además de cortarse solos, claro está…"
El Perro se fue para el lado del Obispado y me quedé pensando. No creo que Macri supiera ni autorizara hacerle espionaje a los ingleses. De hecho, ya sabemos que la avioneta de su amigo de Lago Escondido va y viene cómo y cuándo quiere. El submarino está, pero más cerca de la costa de Malvinas de lo que nadie está dispuesto a admitir.
Vicente Blasco, tiovicenteb@gmail.com
Imagen ilustrativa, selección del editor.



