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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 14/nov/2018 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
La literatura y el sistema de justicia
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

La literatura se diferencia de la historia en muchos aspectos, pero uno de los más notables es que las historias que cuenta desde los diferentes formatos genéricos (cuentos, novelas, teatro, poesías, canciones, etc.) no tienen que cumplir con el requisito de veracidad y, por lo tanto, la constatación por medio de fuentes y documentos se vuelve absolutamente innecesaria.

En literatura, sean reales o imaginarios los sucesos, con pretensión de objetividad o sin ella por parte de quien las narre o las problematice para llevarlas al escenario no escapan sin embargo al hecho de hacer representaciones del mundo en que vivimos o imaginamos. Y en esas representaciones, no está ausente el tópico de la "Justicia", la institución del Poder Judicial, la Ley, su valor, su fuerza y su aplicación, así como la normativa de penas y castigos.

Tres obras leídas durante este año en los encuentros de nuestro taller permiten dar una idea de esto que afirmamos: "El mercader de Venecia" (1594-1598) de William Shakespeare, "El proceso" (publicada póstumamente en 1924) de Franz Kafka y "El círculo de tiza caucasiano" (1949-1951) de Bertolt Brecht, a las que hoy volveremos en esta columna en un brevísimo ejercicio de literatura comparada.

CONTRADICTORIA

En la obra de Shakespeare, los resultados del vergonzoso juicio que condena al judío Shylock a la pérdida de todos sus bienes, así como también de su identidad cultural y religiosa favorecen asimismo al atolondrado "caballero pobre" Bassanio (como él mismo se define) y al imprudente mercader Antonio que salvará no sólo su vida, sino también sus riquezas, gracias a la astucia de la reciente esposa de Bassanio, Porcia, disfrazada de joven abogado. Y en la misma jugada en que ella da vuelta el resultado del juicio condenando a Shylock, consolida también su matrimonio, por más que sabe que Bassanio ha sido irresponsable y oportunista y ha constatado además la naturaleza íntima de la relación que lo unía con el mercader de Venecia, Antonio. En tanto el Dux de Venecia, personaje que representa tanto el poder político como el judicial, en esa época unidos, le solicita a Shylock "clemencia y piedad" para con Antonio, actitudes esperables en los cristianos pero que el Dux sabe perfectamente que Shylock no lo es y, por esto mismo, le está tendiendo una trampa.

Aunque Shylock lo apure pidiéndole que cumpla con las leyes que él mismo ha proclamado en cuanto a dar cumplimiento a lo estipulado en un acuerdo comercial y cuáles son las obligaciones del garante con respecto a la deuda contraída atendiendo a la forma de pago allí establecida y, con una ingenuidad inconcebible, también crea que todos los hombres deben ser iguales ante la ley por lo que él resultaría vencedor en el juicio; las contradicciones entre las propias leyes establecen que en Venecia no se producirán derramamientos de sangre cristiana, en tanto que los judíos sí podían ser condenados a muerte y sus bienes resultar apropiados por el Estado.

CORRUPTA

En la novela de Kafka, su protagonista Joseph K debe padecer durante un año y sin saber el motivo, el ser víctima de un proceso judicial que fue cada vez más entrometiéndose en los intersticios de su vida, así como en cada espacio y edificio público o privado de la ciudad y en el tejido social mismo, que tampoco sabe por qué pero empezarán a considerarlo y tratarlo como culpable. En el transcurso de la novela aparecerán consecuentemente no sólo los guardianes irónicos y corruptos que irán a comunicarle su nueva situación de procesado, sino también un Inspector de Justicia, testigos observadores del procedimiento, un tribunal caótico donde un Juez de Instrucción llevará a cabo la primera indagación, en tanto que distrae su vista mirando fotografías de mujeres en poses sensuales, el ujier, su atractiva mujer que reparte favores sexuales a quien sea con tal de que su esposo no pierda su trabajo, un joven estudiante de leyes, informantes, unos azotadores profesionales encargados de aplicar a la fuerza brutal la ley sobre el cuerpo de los oficiales cuestionados, hecho éste cuya visión resulta intolerable a Joseph K que quería combatir la corrupción del sistema pero en las más altas esferas, un abogado ineficaz aunque quizás necesario, un pintor que retrataba a los jueces para satisfacer su vanidad y ansias de escalar en el sistema, un cura sentencioso y lúgubre y finalmente unos verdugos implacables que someterán físicamente a Joseph K y le darán muerte violenta. En fin, que desde el siglo XVI de Shakespeare hasta las primeras décadas del siglo XX de Kafka el sistema de justicia se complejizó, sin por eso dejar de asfixiar a quienes desgraciadamente caían bajo su poder.

PRUDENCIAL

En "El círculo de tiza caucasiano" de Bertolt Brecht, el personaje llamado Azdak debe su nombramiento de juez a un favor político inesperado. Salvó sin querer la vida del Duque de Georgia, llamado "el estrangulador", y favoreció su huída, por lo que él mismo quiere ser juzgado por un tribunal y penalizado; pero ya a punto de ser conducido a la horca se recibe la noticia de que el Duque lo nombra Juez – nombramiento extraño para un hombre de su condición, ya que ni siquiera era abogado, pero bueno, los favores de la política pueden ser caprichosos -. Y consecuentemente, Azdak impartirá justicia sin atenerse a la letra de la Ley, que no conoce, sino a su propio criterio personal o al sentido común, favoreciendo a los que habitualmente resultan condenados, como es el caso de Grushe, la sirvienta de cocina del palacio de la familia gobernante que adopta y cría como propio a Michel, el hijo de Natela Abashvili y de su esposo el gobernador, que había sido depuesto y decapitado, cuando ella lo abandona siendo un bebito de meses, olvidándoselo en el piso, más preocupada por seleccionar los vestidos que llevaría en su apresurada huída del palacio. Recién dos años después reclamará la restitución del niño para acceder a los bienes económicos que como heredero de su padre le aseguraría. Azdak que ha escuchado los reclamos de Grushe pero sobre todo las declaraciones del segundo de los abogados que descubren las intenciones de Natela, acude a la estrategia casi salomónica del círculo de tiza en cuyo interior se colocará el niño y cada una de las mujeres intentará atraerlo para sí tironeando de sus brazos. Su fallo tiene que ver entonces con que aún en épocas de convulsiones políticas y crueldad, el amor y la bondad de los más humildes y esforzados debe respetarse y premiarse.

LA JUSTICIA EN LA LITERATURA

Jueces que deben cumplir con su función de impartir justicia pero deben responder también a un determinado poder político al que están asociados. Jueces que conocen los huecos de sentido que en todo texto se producen y aprovechan arteramente y a su conveniencia los vacíos que se manifiestan en el texto de las leyes. Jueces que saben que no todos son iguales ante la Ley y esgrimen diversos criterios favoreciendo a unos u otros. Abogados astutos, tramposos, respetuosos de las leyes o no, eficientes o ineficaces pero que acuden a las argucias argumentativas y a las trampas, al disfraz o la máscara sin olvidar jamás sus personales intereses. Y también los culpables o inocentes, "reos" ya de un poder que al aplicar la fuerza de la Ley, esa abstracción creada por el hombre pero que se erige por sobre todos con una fuerza coercitiva absoluta, padecen con dolor y en forma vergonzante en sus cuerpos su peso, desfilan por estas tres obras, en este caso de la literatura clásica europea. Pero también podríamos mencionar la magistral pieza "Tres jueces para un largo silencio" del argentino Andrés Lizarraga (1960). Quizás la lectura crítica de la literatura nos conduzca a reflexiones que nos permitan comprender mejor nuestro devenir, la historia de la humanidad y los conflictos que aún nos siguen preocupando como sociedad como el de ejercer una justicia sana que garantice la armonía social.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


En "El Proceso", Kafka habla de los padecimientos que genera una justicia corrupta e injusta.

 
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