"¡Buen día Monseñor Perro! ¿Puedo besarle el anillo o no merezco semejante honor?", le dije a mi amigo ni bien llegó a Koval con la peor de sus versiones matinales de su rostro. (No por nada le dicen así, pensé).
"No te hagás el vivo que el horno no está para bollos. Mi gata está en celo y no me dejó dormir en toda la noche. Todo bien, pero no está castrada y la tipa parece que tiene un detector de anticonceptivos. No tengo más remedio que no dejarla salir", me dijo.
Karina ya nos había dejado los cafés, y cada uno estaba hojeando el diario por su lado, cuando le dije al Perro: "Fuera de broma, ayer me dejaste pensando con eso de "Amarás a tu prójimo como a tí mismo". No te tenía por creyente. Menos, citanto a Cristo…"
El Perro bajó el diario, y se sacó los anteojos de leer. Me miró a los ojos y me dijo: "Tu jodita tiene varias lecturas, y no sólo la espiritual. La cita es más terrenal y vigente de lo que el común de la gente piensa o, mejor dicho, le han informado. Por ejemplo, ¿Sabías que hacer el bien, te hace bien? Haciendo un favor o algo por alguien que lo necesita, liberás endorfinas en el cerebro. Es decir, es casi como fifar: genera placer y cada vez querés más. Pero no todo termina ahí… más bien, empieza".
El Perro se acomodó como para darme el Sermón de la Montaña, y recitarme el preámbulo de la Constitución a lo Alfonsín y me dijo: "Hay un Cristo bíblico, sagrado, metafísico si querés. El sin pecado concebido, el hijo de Dios, el verbo hecho carne. El milagroso, el resucitado. Pero también hay un Cristo histórico, de carne y hueso. Ese, en el que creen los judíos, y que no fue el mesías, pero si un revolucionario socialista que incluso propone el default con Roma: Al César lo que es del César, ¿te acordás? Dicho sea de paso, Nerón fue el primer devaluador de la historia de occidente, metiéndole cobre y bronce al Denario de plata. Pero eso es otra historia".
Me costó seguirlo un poco al Perro ayer a la mañana. Mientras pensaba ¿Cristo pro default y Nerón devaluador?, el tipo me tira, como si tal cosa: "Así como Einstein terminó con 200 años de reinado de Newton en el campo de la física; en los años 90, con la ‘Teoría de los Juegos’, el matemático John Nash demostró científicamente que tampoco Adam Smith tiene razón".
"Dejáte de joder, Perro… ¿qué le pusieron al café las chicas? ¿grappa? ¿Me estás jodiendo?", le pregunté bastante en serio. "Tranquilo, papá… ¿querés que te explique o qué?" me dijo. Yo, apuntándole con la pera y levantando las cejas, le hice el ademán para que continuara.
"Con la demostración de la Teoría de los Juegos, Nash no sólo ganó el Premio Nobel de Economía, sino que demostró que la tesis de Adam Smith no tenía razón. A Smith le dicen el padre de la economía moderna porque en 1776 postula que el máximo nivel de bienestar social se genera cuando cada individuo, en forma egoísta, persigue su bienestar individual y nada más que ello. Que la mano invisible del mercado lo acomodará todo, naturalmente. Muy bien. Nash, un hijo de Princeton y premio Nobel da por tierrra con más de 150 años de teoría económica y nadie sabe quién es?. ¿No te parece sospechoso que hayan pasado casi 25 años y poco o nada sepamos al respecto? Mirá que hasta hicieron una película sobre el tipo, y le dieron un Oscar en 2002… pero nada ché. A competir que se acaba el mundo".
"¿Y qué dice la Teoría de los Juegos?", le tiré, como para no quedarme con las ganas. El Perro pidió otro café pero yo pasé. Entonces me dijo: "Bueno, básicamente, Nash demostró matemáticamente que una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada uno de sus individuos acciona en favor de su propio bienestar, pero sin perder de vista también el de los demás integrantes del grupo… en definitiva, el cristianismo es matemático, macho. Si me apurás, tiene lógica futbolística. Ponéle que todos los jugadores de un equipo, en vez de jugar en equipo, deciden ir al ataque, por que sí. ¿Qué equipo pensás que va a ganar el partido? ¿El que juega en equipo o el de los individualistas? Ni hablar, claro, si los jugadores de tu equipo están coptados ideológicamente… Ahora, ponéle que alguien los agarra por separado, y a cada uno le ofrece un premio si hace un gol. Incluyendo al arquero, quien para recibir su premio hace goles en contra… La cuestión es que John Nash y la Teoría de los Juegos no aparece más que como una rareza, o directamente no se explica en las universidades. Y no es casualidad que no se explique ni se aplique".
Nos despedimos como siempre, y cada uno a sus obligaciones. No veía la hora de que termine el día para llegar a casa y ver en la tele "Una Mente Brillante", con Russell Crowe.
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



